África Vive es una iniciativa con la que Casa África celebra el Día de África . Desde 2009 esta institución desarrolla un ambicioso programa de actividades en varias ciudades españolas entre las que en esta edición podemos destacar un gran concierto de música gratuito en la Universidad Complutense de Madrid. Lo que pretende esta institución es mejorar el conocimiento del continente vecino en nuestro país a través de iniciativas culturales como ésta. En algunas capitales se han desarrollado ciclos de cine, talleres y exhibiciones culturales. El sábado, día 4 de Junio, podremos disfrutar de un gran concierto en Madrid. El paraninfo de la Universidad Complutense es el escenario elegido para este concierto que comienza a partir de las 19.00, aunque las puertas se abrirán una hora antes, y es gratuito.
Los grupos que irán ocupando el escenario están encabezados por Femi Kuti, heredero directo del legado afrobeat, un género del que fue pionero su padre, el mítico Fela Kuti, y que ha conquistado ya al público mundial por su explosiva mezcla de funk, jazz y ritmos africanos que incitan al baile sin tregua : música hecha para bailar.
Los grupos africanos que comparten escenario con Femi Kuti son menos conocidos para nosotros pero no por eso menos prometedores, grupos africanos que abarcan el Pop,el reggae y el rap, para completar un cartel que seguro nos hará disfrutar muchísimo..
Si quereis conocer algo más de los grupos que participan en esta gran fiesta de cultura africana podeis visitar la página oficial de la iniciativa África vive


 
Día 4 de Junio
Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid
Metro: Parada en Noviciado (línea roja)
Dirección: San Bernardo 49

Aunque en la Fonoteca no disponemos de ningún disco de Femi Kuti, si podemos ofreceros dos discos de Fela Kuti, su padre, para que podais ir haciendo los oídos y las caderas al sonido Afrobeat..

:: The best of Fela Kuti [Grabación sonora] : music is the weapon / Fela Kuti.
[S.l.] : Wrasse Records, D.L. 2006
:: Zombie [Grabación sonora] / Fela and Africa 70. -- [S.l.] : FAK, cop. 2001


      La familia...¡qué gran invento! Ah, no, no, no, eso era el turismo....¡qué cabeza!. Bueno... la familia no la inventó nadie, pero ni falta que hacía porque eso nos viene de fábrica, como el ombligo, y menuda fatiga nos da. Lo que sí supuso una verdadera ruptura con el orden (natural) establecido fue empezar a explotar y a exorcizar esta sacrosanta institución creativamente. Por ello, a los responsables de tamaña revolución, habría que darle las gracias y erigirles un monumento por dos cosillas: en primer lugar, por ser listos y encontrar una forma de recuperar, como quien no quiere la cosa, los dinerillos que muchos han  invertido, obligados por las “herencias” e idiosincrasias familiares, en el campo de la psicología y otras terapias alternativas, descubriendo que podían hacer cura volcándose en actividades artísticas, antes de sucumbir al suicidio. Pero, además, en un momento de evolución de este descubrimiento, semejante pongamos al de pasar de las simples aceitunas a las rellenas de anchoa, esas mentes preclaras han conseguido que hagamos ese (doloroso) acercamiento a esa institución a través de la risa. ¡Pero puede haber mayor bien! Y aquí entro yo, amiguitos, bueno...ni entro ni salgo, sólo que ese es el tema de este post: la familia con humor (que si no la cosa es muy dura). Así que absténganse los incondicionales de Bergman y demás intelectuales...que ahora se trata de reir.
    Al escuchar por primera vez la canción Mi familila y otros animales” de La Shica (Supercop), recuerdo que pensé que era genial la letra porque era imposible no sentirse identificado con ese “son mi alegría / son mi sustrato / me los como a besos / con bicarbonato”. Quien no ha pensado algo así mientras observaba intentando mantenerse al margen, alejándose del foco de acción, como con ojos extraños (que no extrañados) superado por el momento, a la familia de uno en plena efervescencia, oyendo mentalmente ese  “¡Es la última comida familiar a la que vengo!”. El retrato es absolutamente real pero además, como no es la familia de uno, muy divertido. Una sensación muy similar a la que deja el libro de Gerald Durrell  del que toma prestado el título esta canción (y que os recomiendo encarecidamente que leáis. Si aún no lo habéis hecho: pecado mortal).


    Pensando sobre esto, sobre cómo dos obras tan diferentes en origen y procedencia, cronología, duración, canal, etc. pueden transmitir el mismo mensaje cercano y divertido sobre el mismo objeto, llegué a pensar en qué películas con familias más o menos atípicas me habían producido en mí esa sensación. ¡El resultado es sin duda también heterogéneo y variopinto!:
    Entre mis más preferidas está Vive como quieras de Frank Capra, quizá porque, a pesar del sonrojo inicial me es familiar, nunca mejor dicho, esa amalgama ruidosa de actividades diversas de cada uno de los miembros tomando el salón como centro de operaciones y en las que todos de una forma u otra participan sin respetar demasiado el espacio del otro. Desde el cariño, no creáis. Cosas de las familias grandes y activas.
    Otras familias que miro con ternura, a pesa de todo, son las de Mientras dormías de John Turteltaub y la de Pequeña Miss Sunshine de J. Dayton y V. Faris. La primera convierte con su presencia una comedia romántica normal en una película encantadora con la que desde que aparecen en escena  mejora cada fotograma, dejándonos de preocupar con qué hermano se queda, porque lo que verdaderamente importa es que va a entrar en la familia.  Pequeña Miss Sunshine es otra cosa porque con esos mimbres la mezcla sin duda es el frikismo en una camioneta...

    También sobre cuatro ruedas y en “peregrinación” van los miembros de Familia rodante de Pablo Trapero, sólo que son muchos más (sí, increíble que tanta gente más las mascotas y un bebé, además de muchos problemas, quepan en una caravana).
    Y por último, un ejemplo patrio que no se queda atrás, no señor. Mamá cumple 100 años de Carlos Saura tiene escenas familiares capaces de abrumar a cualquiera: reencuentros, falsedades e intrigas, pequeños secretos familiares...hasta un toque de fantasía.
            Vamos, que las hay para todos los gustos y aunque la tuya no lo sea. . . ¡siempre puedes tener una familia de cine!

El sonido de África

Esta primavera, mientras viajaba por estas “estepas” castellanas que estallaban en una explosión de verdes, amarillos y ocres, he vuelto a constatar que me sienta bien la música africana. Y a Castilla también. Ese día se ajustaban y adaptaban a la perfección mi estado de ánimo, el paisaje que contemplaba y el sonido de Lambarena (Bach to África). Sigo "enganchada" a la música africana y eso es decir mucho y no decir nada, porque no se trata sólo de los intérpretes africanos, sino también de la influencia que ha tenido y tiene en las músicas de países como Brasil (por poner un ejemplo) o en el nacimiento de otros estilos musicales (por ejemplo, el blues)
Ya hace casi tres años de la Ruta “El sonido de África” y, desde entonces, se han incorporado a la fonoteca nuevos trabajos de intérpretes africanos. Sería estupendo poder hablar de todos ellos, de la riqueza y diversidad de ritmos y sonidos que surgen en África y que influencian y se mezclan con tantas músicas de otros lugares. Pero, como casi siempre hay que elegir, he optado por Lokua Kanza, Souad Massi, Oumou Sangare, Rokia Traoré y Bassekou Kouyate & Ngoni ba.
Sin embargo, no puedo dejar de mencionar: Desert, de Etran Finatawa; Alive! in Lisboa, de Sara Tavares; Wamato, de Les Amazones de Guinée; A town called Dais, de Dub Colossus; dos discos de Cesária Évora: Radio Mindelo y Nha sentimento; Welcome to Mali, de Amadou & Mariam; Desert blues 3: entre dunes et savanes; Ô espirito e a âlma de Cabo Verde; The astounding eyes of Rita, de Anouar Brahem; Ali & Toumani, de Ali Farka Touré & Toumani Diabaté (delicioso); La différence, de Salif Keita.

Lokua Kanza nació en Bukavu (República Democrática del Congo), conocedor y admirador de la riqueza musical de África, estudió en el conservatorio de Kinshasa y ha trabajado y colaborado con diversos músicos: Ray Lema, Papa Wemba, Manu Dibango, Youssou N’Dour, etc. Vivió en París, donde hizo un gran trabajo en producción para otros, incluido el álbum “Tan cerca de mí” de Pedro Guerra, y para sí mismo. Más tarde se estableció en Brasil, desde donde lanzó su sexto trabajo: Nkolo
Con un estilo intimista, acústico, de percusiones delicadas y sonidos puros, la música africana, las estructuras del jazz y algún que otro ritmo brasileño se dan la mano en él. Lokua es un erudito de la música contemporánea y este conocimiento le permite crear uniendo la belleza, el encanto y la fascinación que produce unir las diferentes músicas del mundo. Ambientes tranquilos y relajados, sonidos creados con singulares instrumentos como la sanza, la cuica o un cristal baschet. Las letras de las canciones están en lingala (su lengua materna), swahili, francés y por supuesto el portugués. En él ha reunido a excelentes colaboradores como a Kool Matope y a una joven promesa llamada Fally Ipupa; su propio hermano René Lokua; un coro de 55 niños de Kinshasa; Sylvain Luc, uno de los mejores guitarristas del mundo; Thomas Bloch, un virtuoso del Ondas Martenot y del Cristal baschet. Y, sobre todo, es de destacar la colaboración del cantante Vander Lee en Veu Ver.

Souad Massi con su pura y dulce voz ha creado un delicado folk-rock argelino rico en suaves armonías, que refuerza con unas letras humanas y sensibles. Nació en Argel en 1972, en el seno de una familia de artistas. Desde niña supo que sería cantante y estudió música clásica arábigo-andaluza, solfeo y música clásica. A los 17 años comienza a aparecer en los escenarios, sola con su guitarra. Publica su primer trabajo en 1997 y bate rápidamente récords de ventas. Sin embargo, es demasiado popular, demasiado libre, demasiado comprometida e intentan acallarla. Las cosas se le ponen cada vez peor. El despacho de urbanismo en el que trabaja se ve obligado a despedirla por presiones. A partir de ese momento atraviesa una etapa difícil y está a punto de tirar la toalla. Entonces le llega una invitación para participar en el festival Mujeres de Argelia.

París descubre a Souad Massi y se queda impresionado por su presencia, superando las barreras del lenguaje. Tras el concierto, firma con el sello Island-Mercury la publicación de Raoui en 2001. Desde ese momento empieza para Souad una carrera que le lleva a la popularidad en Europa y actuar en varios festivales del mundo. 2003 supone el año de consagración con la publicación de Deb (Universal), su segundo trabajo, que le embarca en una gira de presentación con varias fechas importantes entre ellas el festival de Glastoumbury. Mezcla estilos diversos como el pop o la música árabe-andalusí con textos muy personales, a menudo tristes, cantados en árabe argelino, francés y bereber. Una voz maravillosa y una delicia de trabajo.


Oumou Sangare no sólo es la más grande vocalista de Mali, sino que es también la feminista más importante del Oeste de África. Es conocida como el ruiseñor de Mali, ya que tiene la peculiar habilidad de inspirar tanto a través de su música como de sus letras. En su música combina una lírica moderna con los ritmos tradicionales de la región sureña de Wassoulou. Compositora, comentarista social, luchadora por los derechos humanos, vocera de su generación y su género, Sangare es mucho más que una mera cantante. Es algo más cercano a un fenómeno social ya que encarna los valores y las luchas que mucha de su gente enfrenta día a día. Es una mujer africana que dice, sin miedo, lo que piensa.


Seya es su quinto álbum, editado en 2009, después de un periodo de silencio de más de cinco años. Esta característica tan africana de hacer las cosas pausadamente, es una garantía de que el resultado final es de una calidad excepcional, como confirma la escucha de estas 11 canciones basadas en la tradición de la música Wassoulou, aunque con muchas influencias de las culturas de etnias vecinas. Valga como ejemplo el sorprende uso de los tambores sabar usados por los wolof en el tema "Korolo" o las maravillosas cuerdas que aparecen en "Donso", recordando esa unión de la música negra con la gnawa árabe. Los arreglos más elaborados de lo habitual en la obra de la cantante que proliferan a lo largo de algunas piezas, como la que da título al álbum, acercan al oído occidental el lenguaje armónico de la escala pentatónica usada por la maliense, por cierto en esta canción su ritmo es el mbalax senegalés. Todo esto da un carácter universal a la música de la Sangaré, una voz potente y a la vez delicada.

Rokia Traoré, cantante y compositora de la música y las letras de sus canciones, es una de las voces imprescindibles y una de las presencias más estimulantes del panorama musical de hoy en día. Radio Francia Internacional le concedió en 1997 su Prix Découvertes y, desde entonces, con tres discos a sus espaldas, ha ido escalando posiciones en el mundo de la World Music hasta llegar a esa cima en que ahora mismo se encuentra. Nacida en Malí, vive en Francia a temporadas, pero graba sus discos en Bamako. No es una cantante tradicional africana, pero su música procede de lo más profundo del continente. El instrumento en el que basa sus composiciones es la mítica guitarra Gretsch, básica en el Rockabilly de los años 50 y 60 y que Chet Atkins y George Harrison encumbraron al Olimpo del rock.
Aunque su banda está electrificada (bajo y guitarra), son los instrumentos tradicionales y artesanales (balafón, kora, n'gonis y tambores) los que resuenan más altos y más claros, contribuyendo a aquilatar la mágica voz de la Traoré. Está fusión es lo que permite a la artista dar esa dimensión universal a su música.
La portada de su cuarto trabajo denominado Tchamantché augura ese misterio que esconde. Una Rokia de perfil y entre sombras nos invita a realizar ese pequeño esfuerzo necesario para descubrirla. Phil Brown como experimentado productor y antiguo ingeniero de Island Records (Talk Talk, China Crisis, Robert Plant, Faithless) conduce la grabación. La voz de terciopelo de la maliense nos susurra al oído las letras en su bambara materno. Los músicos con instrumentos occidentales -no perderse al arpa en Kounandi- y africanos -ngonis, balafón- unen los dos mundos bajo la sabia dirección del fiel guitarrista Sibiri Koné.

Bassekou Kouyaté, nieto del reverenciado Jeli, es uno de los representantes de la nueva generación que está desarrollando las posibilidades técnicas del ngoni, un instrumento característico de Mali de tres, cuatro, cinco y hasta siete cuerdas utilizado en África occidental. El conjunto de cuerdas de hilo de pescar proporciona registros más altos al ser percudidos con el dedo pulgar, como pasa con el banjo.
La carrera como solista de Bassekou comenzó relativamente tarde. Primero fue su padre Yagara Damba quien le enseñó. Más tarde, una vez en Bamako, colaboró con Toumani Diabaté, llegando a grabar nueve discos juntos. La primera vez que vino a Europa, lo hizo junto a Toumani y Habib Koité.
Ha colaborado con Taj Mahal, Dee Dee Bridgewater, Damon Albarn, Youssou N'Dour, Ali Farka Touré. Fue después de la muerte de éste cuando formó la banda N'goni. Bassekou Kouyaté y la banda Ngoni Ba interpretan un repertorio propio de su región, Segou, lugar donde nació el blues, según Taj Mahal.
En I Speak Fula se rodea de los mismos amigos de siempre, Toumani, Vieux Farka Touré (hijo de Alí), Kasse Mady Diabaté, Harouna Samaké, Andra Kouyaté, Zoumana Tereta. En él captura toda la pasión por vivir que genera África con su música. Un nuevo paso de unos de los más interesantes e innovadores músicos de Malí, el país con más genios de la música popular por metro cuadrado del mundo.

Mi biblioteca y yo

La semana pasada nos visitó una periodista para hacer un reportaje de la Biblioteca que se publicó en un diario de ámbito regional 
Por otro lado, también hace unos días, recibimos una postal en la biblioteca. Una usuaria nos la enviaba desde Puerto Rico para decirnos que se acordaba mucho de ella y la echaba de menos (Gracias Amalfy). Como persona vanidosa, egoista e imperfecta que soy las noticias me produjeron una subida de autoestima inmediata. Vamos, que ni que hubiera rellenado todos los quesitos del trivial.
Guiado por esta euforia efímera, estos hechos me han llevado a preguntarme qué valor le darán los usuarios a mi biblioteca. Y, sobre todo, qué poso les quedará cuando pasen los años. ¿Cómo hablarían de ella si estuvieran en una sobremesa después de una plácida comida? ¿Pensarían que habían merecido la pena esos paseos deprisa y corriendo para devolver los documentos en el último momento antes de ser sancionados? ¿O sería algo que rememoraran  como un tiempo perdido que podían haber empleado en otras cosas?.
Aunque sé que mi parte alícuota en el resultado de que la biblioteca (y su Red) sea lo que es es infinitesimal (quisiera ser útil, no insustituible), me gustaría escuchar que descubrieron muchas cosas, que era una caja mágica de bombones belgas  que no se acababan nunca, etc, etc.
Como creo que al CIS le interesan más los sondeos electorales que este otro tipo de encuestas, me he autopreguntado algunas cuestiones al respecto para ver cuál sería mi experiencia y cuáles mis conclusiones.
Partiendo de la base de que me he ceñido al apartado de música (no quiero aburrir más de lo necesario), éstos son mis resultados a la pregunta de qué escuchaba antes de llegar a la biblioteca y qué escucho hoy:
-Cuando conducía mi primer coche recuerdo que ponía a Serrat o Silvio Rodríguez. Ahora al volante  -tras descubrirlos en la Torrente Ballester- los CD's son de Damien Rice, Kevin Johansen, Deluxe o Arcade Fire.
-En la adolescencia, antes de salir los fines de semana mi banda sonora eran El Último de la Fila, Bruce Springsteen o Ramoncín (el de "Felisín el vacilón"). Hoy en día, en esta situación pondría -gracias sobre todo a sacarlos de la biblioteca- Dusminguet o Van Morrison.
-En las inolvidables horas de estudio nocturno a veces escuchaba música clásica (siempre irán asociadas a Rachmaninov). Hoy mi concentración me pide cuando la necesito discos como el "The Köln Concert" de Keith Jarrett -desconocido para mí si no fuera por la biblioteca.
-En las reuniones en casas de amigos sonaban Pata Negra, Nacha Pop o Leño, mientras que hoy amenizan esos encuentros -de nuevo causus bibliotheca- Salif Keita o La Chicana.
-La Universidad fue donde me enganché a gente como Pixies, Enemigos, Pearl Jam, Camarón o el Son cubano gracias al "Buena Vista Social Club". La Universidad terminó pero en estos años de bibliotecario me ha permitido ver en directo a Carlinhos Brown, Son de la Frontera o Javier Ruibal -exprimidos en nuestra Fonoteca.
-Durante las salidas nocturnas buscaba bares en los que poder escuchar a Bowie, los Kinks, Creedence o Rolling Stones (en esos bares descubrí "Lust for life" de Iggy Pop, "Jessica" de los Allman Brothers Band y tantas otras). Hoy mis salidas son menos pero soy igual de exigente con la música, aunque por culpa de la biblioteca mis apetencias noctámbulas pueden ir de Chemical Brothers a Ojos de Brujo, de Ben Harper a "Teardrop" de Massive Attack.
La retahila prodría continuar pero esto no son ni unas memorias ni una hagiografía. Las conclusiones creo que ya pueden sacarse así que no me explayo más: gracias a mi biblioteca. Gracias por ayudarme a cruzar puentes y saber a que suenan las nuevas avenidas, a traspasar fronteras, a dar con territorios para mi incógnitos. Y sobre todo gracias por asomar en mí puntos cardinales que no sabía que tuviera.


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