La música importa

"Más se perdió en Cuba y vinieron cantando..."
(Ahora, en apoyo a otra famosa frase: más vale una imagen que mil palabras, tendría que ir un vídeo con fornidos y guapos marineros cantando una hermosa habanera, mientras reproducen un vaivén semejante al mar. ¡Imagínenselos! ¡Quién no ha escuchado una habanera alguna vez y se ha mecido así! ¿Quién no conoce ni ha cantado "La bella Lola"? Pero... ¡si es como el Asturias patria querida!). En fin...

Aquí. Marineros

Aunque nadie me lo ha pedido y posiblemente a nadie le interese, voy a ofrecer una explicación.
Hoy tengo uno de esos días de "incompatibilidad técnica". Ésos en los que ordenadores, mandos de reproductores y televisiones o cualquier otro aparatejo, decide ignorarme. Mis compañer@s pueden dar fe de que no miento. Pero hoy, a esta extraordinaria facultad mía, se ha unido la pérdida del archivo que tenía preparado y, según dice la ventanita anunciadora, el archivo no se puede abrir porque no ha sido creado con este sistema (o algo así, ya me olvidé).

Aquí estoy, improvisando, esperando a que llegue el apuntador y me saque del apuro. O me entre. Que con tanta entrada y salida "del blog" una se confunde. La tarde avanza y el apuntador no llega, el técnico tampoco y la inspiración me ha abandonado. Tal vez sea prudente una discreta salida por el foro, pero antes les anuncio -por si aún no lo saben- que Zenet ya tiene nuevo trabajo: "Todas las calles". Es un malagueño que mezcla maravillosamente el bolero, el tango, el swing y el jazz con el embrujo flamenco y que, en su anterior trabajo, "Los mares de china" interpretaba así de bonito la canción "Soñar contigo"



A propósito... ¿Saben que Kevin Johansen actúa en Madrid y Barcelona en abril? (Los días 14 y 16, respectivamente) ¡Sí!, ya les hablé de él un chico argentino, muy majo, muy versátil, con sentido del humor y muchos registros de voz (no vos). Si no le han visto y pueden, vayan a verlo.
Otro día les hablaré de la importancia de la música en la vida. Pero eso será otro día.

¿Empezar a tachar?

Hoy día hay veces que una película (o un disco, o un libro) me hace revivir la sensación de magia y plenitud que en su día me provocaron aquellas primeras experiencias de juventud. Fue entonces cuando se me inocularon los virus de estas aficiones infecciosas.
Al retrotraerme a aquella época de Cine Club de la segunda cadena de TVE, Filmoteca de Cantabria o vinilos de mi hermano me veo suponiendo que, llevado sin duda por el optimismo implícito en la edad, no tendría ningún obstáculo para emprender en mi larguísima vida la agradable labor de ver todas las películas del mundo, escuchar toda la música que quisiera o leer todos los libros que en mis anaqueles se posaran. Aún más, a menudo iba posponiendo aquellos que suponía me producirían más satisfacción. Creía que cuanto mayor fuera la abstinencia, más fuerte sería luego el chute para los sentidos.
Y sin embargo ¿Cuántas películas podré ver en mi vida? ¿O cuántos libros podré leer? Poniendo por ejemplo que viera cuatro películas a la semana o que pasara la última página de un libro cada tres semanas (doy por supuesto que no somos críticos literarios o cazatalentos musicales y no nos pagan por hacerlo a diario), sólo podré ver alrededor de 200 películas o leer unos 17 libros al año en los pongamos sesenta años que podría disfrutar de estas aficiones. Habrá ocasiones que mejoremos la media. Quizá en vacaciones o noches de insomnio. Pero habrá otras en las que por tareas más prioritarias, enfermedades o avatares varios tendremos que quedarnos en barbecho. O nos apetecerá relamernos con títulos ya saboreados anteriormente.
Ahora, ante esta tesitura, cada vez que me cruzo por ejemplo con un bodrio de película, creo que al mismo tiempo se me están escapando quizá una decena de buenos films que ya no me dará tiempo a ver. Además, me sentía obligado a llegar hasta el final porque creía que se lo debía a los autores sólo por el valor de intentar algo para mí inalcanzable.
Al hacer este razonamiento, la conclusión lógica a la que llego es que no debo tener ningún cargo de conciencia en dejar a un lado cualquier película (o disco, o libro) en cuanto comienze a defraudar mis expectativas.
Que el tiempo corre que se las pela. Y además el mío es inversamente proporcional a las creaciones culturales en este mundo globalizado.
P.D. Ahora podríais perder el tiempo en investigar cuántos discos, películas o libros se editan cada año.
O comenzar a tachar de la lista de pendientes para que no siga creciendo en progresión geométrica (de lo contrario os imagino en poco tiempo apuntándolo en la lista de propósitos para el nuevo año cada Nochevieja).

En torno al doblaje

Era de los que evitaban los subtítulos, las versiones originales, esa vorágine de letras aceleradas que distraían de la pantalla y obligaban a un esfuerzo extra durante el visionado. Con el tiempo me hice mayor (cosa que os pasará también a vosotros) y empecé a darme cuenta de que, a medida que leía y escuchaba inglés gracias a internet, mi dominio de este idioma iba mejorando día a día sin esfuerzo ni voluntad por mi parte.
El hecho de verme expuesto al idioma me hacía efecto. Aprendía nuevo vocabulario, entendía mejor lo que oía, cuando mentalmente me proponía construir una frase notaba que ésta nacía con más fluidez que antaño. Y aquí me paré a reflexionar. Ante esta situación me dije: ¿y aquellas clases de inglés en el colegio, en la academia, en la horrorífica Escuela de Idiomas? ¿Hicieron más por mi aprendizaje que el bombardeo continuo por parte de la artillería anglosajona? ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Era descabellada la idea de que Internet y el p2p estaban siendo mucho más efectivos que las tradicionales lecciones de inglés? ¿Qué opinaría Muzzy de todo esto?

Pues, amigos, yo lo tengo claro. Internet y la posibilidad que lleva aparejado de ver películas en versión original ha mejorado notablemente mi inglés sin esfuerzo ni suplicio alguno. Adiós a las aulas. También la llegada del DVD ha contribuido. Pero la costumbre de ver cine en versión original me fue inoculada por Emule y BitTorrent. Ya no me encojo de pereza ante la posibilidad de activar idioma original con subtítulos en español. Es más, lo deseo.

Gracias a la labor de miles de traductores altruistas que suben y comparten sus subtítulos en la red, el espectro de obras al que se puede acceder es mucho mayor, incomparablemente mayor, al que los cauces tradicionales nos ofrecen. Estoy en casa, encuentro una película de mi interés, busco en algún catálogo de dvd si es posible adquirirla en España: NO. Bien, ¿qué hacer? Bajar una copia de alguien que ha tenido acceso comercial en su país a ese material y, acto seguido, irme a buscar los subtítulos en español que amablemente algún alma santa ha colocado en las páginas destinadas a tal efecto. Voilá, ya puedo disfrutar de la película. Hay demanda no satisfecha que busca su camino (como la vida en Jurassic Park...qué frase esa, ¿eh? "La vida termina abriéndose camino" y luego el tiranosaurio que se cepilla al tío que está en el váter. Son las dos únicas cosas que recuerdo junto a los velociraptores, ¿cómo olvidaros?). Si no hay oferta de determinados productos y existe una vía por la que alguien, en otro sitio, comparte ese material, ¿por qué he y han de negarme la posibilidad de disfrutarlo? Espero respuestas.

Bueno, a lo que iba, los subtítulos. Hay gente que prefiere ver la versión doblada y gente que se tira de los pelos si no tiene más remedio que tragarse el doblaje. A favor del doblaje hay argumentos de toda índole: fomento y protección del idioma patrio de turno, menor distracción a la hora de seguir las imágenes, puestos de trabajo que se generan, ayuda a discapacitados visuales o aquellos cuyos ojos no son los de antes, que necesitan poder disfrutar las películas dobladas porque son incapaces, obviamente, de ver los subtítulos. Me parece una razón convincente, aunque me crea dudas el hecho de que, por Dios, ¡tampoco pueden ver las imágenes! Estos fanáticos del doblaje insisten en que los subtítulos condensan demasiado los diálogos y dificultan el seguimiento de la película (razón que desvirtúa el hecho de que la costumbre hace que los subtítulos terminen sirviendo de apoyo o complemento y se integren normalmente en el proceso de visionado, salvo que tengas resaca, hayas llorado copiosamente, te duela la cabeza, tengas las gafas rotas o hayas tomado medicamentos que puedan afectar a estas actividades).

En este país se haría mucho bien si se proyectasen, junto a los pases doblados, las versiones originales de las películas en cartelera. Se haría mucho bien si se bajase el precio de las entradas, de paso. Ya la televisión se ha quedado muy atrás con el tema de las series. Aparte de que muchas series de calidad no son emitidas en televisión, cuando se deciden (alguna vez pasa) a pasarla por su parrilla y programan las emisiones, Internet y su corte de subtituladores amateurs ya tiene el capítulo correspondiente preparado y subtitulado hace tiempo para quien lo quiera, con un nivel de eficiencia que no igualan las cadenas televisivas.

El tema de los doblajes en España, tanto de los propios diálogos como de los títulos de las películas, es un tema tan fecundo que haría necesario un nuevo texto que abordase todas sus descojonantes manifestaciones.

¿Qué opinan mis lectores? ¿Os gusta que os la metan doblada? ¿Mejor el original?


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