Los ciclos de actividades de la Universidad de Salamanca nos han traído esta semana a Javier Ruibal. El auditorio de Fonseca estaba abarrotado de gente, hasta el anfiteatro, (una con más interés que otra en la actuación). Javier sale al escenario y después de elogiar la ciudad que le acoge, nos seduce con su repertorio : canciones en las que despliega toda su poesía con unas letras que él mismo compone : elaboradísimas y preciosistas letras que destilan sinceridad, humildad y ternura, pero sobre todo adoración máxima por la mujer : la única y verdadera diosa.

Se presenta en el escenario solo con su guitarra, que acaricia con manos expertas aunque él, muy humilde, le quite importancia. Las canciones mezclan sonidos flamencos con notas sefardíes y toques de jazz , una mezcla, que unida a esas poéticas letras que nos regala nos hipnotizan a todos. Él nos reclama más entusiasmo. Parece que no somos un público muy entregado. Seguramente muchos nos hubieramos levantado a mover las caderas con un metro cuadrado por delante (no hace falta más).
Gaditano hasta la muerte, le dedica una canción a su equipo de fútbol y nos sorprende con un pasodoble propio, de su famoso Carnaval de Cai.
Una delicia escucharle y diluirse entre las notas.




En la FONOTECA podrás encontrar:

Pensión Triana [Grabación sonora] : en directo / Javier Ruibal. -- Madrid : Lollipop, p 1999
Las damas primero [Grabación sonora] / Javier Ruibal. -- [Madrid] : 18 Chulos, p. 2001.
Lo que me dice tu boca [Grabación sonora] / Javier Ruibal. -- Madrid : 18 Chulos Records, p 2005

Con D de despedida

Con D de despedida o cómo mirar la muerte desde el cine. ¡Uy! Seguro que has pensado qué mal rollo. Y es que hablar de la muerte asusta, es un tema que se esquiva, se evita, se esconde, como si sólo mentarla diera mal fario, como si al ignorarla y no darle cabida en nuestra vida pudiéramos evitarla. Y no me refiero a la muerte con nombre anónimo. La muerte así, en palabras de noticiario, no nos dice nada, nos la nombran tan a menudo que ha terminado por dejarnos indiferentes, porque está lejos, porque no nos toca –o eso nos gusta creer-. La muerte que realmente nos hace saltar y reaccionar, la que despierta todos nuestros miedos, es la que nos toca de cerca, a veces sin previo aviso, y otras acercándose lentamente, anunciándose con signos más o menos evidentes.
Mi primera muerte cercana fue totalmente inesperada, dura, brutal, incomprensible, triste, dolorosa y diría incluso que injusta. Nadie me había explicado que esas cosas pueden pasar –de hecho pasan a diario-, nadie me había preparado para un desgarrón tan bestial. Sin embargo, compartiendo aquellos momentos dolorosos, conservo un instante lleno de vida y belleza, aparentemente tan fuera de lugar y absurdo que me llevó años entender y asumir lo que había sucedido; entender que todo tiene dos caras, que la vida y la muerte son parte de la misma moneda y que, a veces, en cuestión de segundos puede darse la vuelta, cambiar la cara por la cruz o viceversa, porque la línea que separa las “cosas” es muy fina.
“Ahora tengo un poco de experiencia. La experiencia es una maestra brutal, pero aprendes”, dice el profesor de ‘Tierras de penumbra’. Ahora sé que es importante asumir que mañana puedes no estar. Sé que es importante saber decir adiós, dejar que los que quieres se vayan cuando quieren o tienen que irse. A sabiendas de la tristeza y el vacío infinito que dejará su ausencia. Sé que es importante morir con dignidad y, a ser posible, sin dolor. Sé que es importante el duelo, donde el tiempo juega un papel fundamental para encajar la pérdida. No voy a teorizar ni hacer análisis profundo, porque no tengo conocimientos suficientes, porque me he sentido desbordada por una idea que está muy clara en mi cabeza, pero para la que no sé si tengo las palabras adecuadas, sólo tengo mi experiencia.
"¡Qué testamento! ¡Y nunca mejor dicho!" dice Maite cuando ve lo que llevo escrito. Me asusto, ¿me estaré pasando? Vale. Les doy un respiro. Un cortometraje de animación dirigido y escrito por Javier Recio Gracia, que estuvo nominado al Oscar en 2010: “La dama y la muerte” ¡Disfruten!



(Y ahora vuelvo yo) Las películas seleccionadas en esta Ruta abordan el tema de la muerte a través de diferentes historias, más o menos cercanas, más o menos reales, algunas pueden parecer incluso fantasiosas pero, quizá, sirvan para detenerse un poco y cuestionarnos cuál sería nuestra postura en una situación similar. Hay películas que tratan del momento previo: la enfermedad y la limitación de tiempo que esta provoca. Aunque todas son interesantes, me gustaría destacar ‘Las invasiones bárbaras’, ‘Mi vida sin mí’, ‘Vivir’, ‘Dejad de quererme’, ‘Paris’ o ‘La suerte de Emma’. Otras hablan de cómo enfrentar y afrontar la pérdida y el dolor que provoca la muerte de un ser querido (Con D de duelo). Me cuesta elegir sólo algunas, pero no puedo dejar de mencionar ‘Tierras de penumbra’, ‘Tres colores: Azul’, ‘Cerezos en flor’, ‘Un hombre soltero’, ‘Un funeral de muerte’.... Y, finalmente, ‘After life’, ‘Ghost’ o ‘El sexto sentido’ dan una visión de qué pasa más allá (Con D de deambular). Creo que es importante poder hablar con naturalidad de la muerte, de lo que nos provoca, de lo que sentimos, perderle el miedo.
Y por si alguien se anima a profundizar, también sugerimos algunos libros.
Disculpen la extensión. Aquí les dejo con el folleto.



He de reconocer que hay películas que me dan “perecita”. Que sí, están ahí, son opciones que de vez en cuando contemplas, pero... no ves el momento. Pasas por la estantería y las ves, ralentizas el paso y dices y si...pero no. Te hablan de ellas, te dicen...pero no sé, no sé, no es el momento. Como yo digo, “te atraen pero te repelen”. Pues eso me pasaba a mí con “Seraphine”. A priori muchos eran sus encantos: una película francesa (he de reconocer que, no es por pecar de intelectual, pero a mí los galos en esto del cine me ganan, pero los directores actuales y menos conocidos, nada de nouvelle vage y las vacas sagradas), con un tema atrayente, la vida de la pintora Seraphine de Senlis una figura casi desconocida pero no por ello menos atractiva, y avalada por nada menos que siete premios César (ahí entraba ya en el apartado de las películas que hay que ver por mero interés profesional). Me habían llegado referencias de su “ritmo lento” y, aunque esa etiqueta nunca me ha parecido algo negativo en una película, en este caso me venció (y me confundió). Y yo, es que intuición con las películas a veces no tengo ninguna y hay quien lo ha padecido y puede confirmar esta sentencia (y me lo “recuerda” de vez en cuando). Quizá por eso cuando algo que a priori no me atraía ni lo más mínimo se presenta finalmente como una pequeña joyita, la alegría es doble y me convierto entonces en defensora devota (lo de la conversión es literal). Lo siento, extrema que es una.

Pues, sí, como habréis adivinado después de esta farragosa disertación sobre mis indecisiones cinéfilas, con “Seraphine” de Martín Provost (2008), al final sufrí una “caída del caballo” y vi la luz (la luz, los colores y su delicado encanto) cual Pablo de Tarso de camino a Damasco. Quizá porque no se sabe mucho sobre la vida real de esta pintora de comienzos del siglo XX , y afortunadamente no nos pueden sepultar con una riada de datos, o quizá porque en esta película la información se obtiene de otras formas (observando, intuyendo, imaginando), el director nos permite conocerla a través de su amor a la naturaleza y su religiosidad, dándonos las claves sobre esta (peculiar) mujer antes de descubrir a la no menos peculiar artista, al tiempo que lo hace el coleccionista alemán Wilhelm Uhde, uno de los primeros compradores de Picasso y descubridor del Aduanero Rousseau. Está grandiosamente interpretada por Yolande Moreau que aporta credibilidad y cercanía a esta introspectiva mujer, (dulcemente) ruda y de extrema sensibilidad en todas las fases de su triste pero preciosa historia.

Recomendamos esta pequeña película a todos los amantes del cine, del arte, de la naturaleza y de la vida captada de otro modo, vivida con otro ritmo. Atención a los primeros minutos del film que se convierten en una declaración de intenciones, apreciando con las primeras secuencias cómo el responsable de la historia quiere poner el acento en la relación táctil y casi ancestral de esta mujer con su mundo: los pies descalzos, los primeros planos de sus tareas, la recolección de las sustancias, su cercanía mística con la naturaleza, hasta llegar a su peculiar proceso creador... ¡Lo que habría disfrutado la “primitiva” Seraphine Louis en Altamira!.

Tenéis a vuestra disposición el DVD de "Seraphine" de Martin Provost en nuestra Videoteca (DVD P-DRA sep)

El apartamento a las cinco de la tarde. El padrino a través del espejo. Peligro inminente para el gran dictador.

Escondidos en Brujas, el bueno, el feo y el malo sin noticias de Dios. Pero en la ciudad sin límites el diablo nunca duerme. Última llamada. La propuesta:

-El día de mañana, “Dead man”.

El gran dictador, sólo contra todos, toma el dinero y corre con la soledad del corredor de fondo. Flores rotas en el camino. Un condenado a muerte se ha escapado.

Al otro lado, la cuadrilla de asesinos natos cometieron dos errores: ser maridos y tener mujeres. El padrino recuerda los violentos años veinte. Duelo de titanes antes del atardecer.

La muerte golpea dos veces entre el trío fantástico. De repente, el tercer hombre cogió su fusil.

-No tiréis sobre el pianista -grita un ciudadano Kane. Los músicos de Gión tocando al viento una balada triste de trompeta.

La bestia humana, solo ante el peligro, farfulló “malditos bastardos” y murió con las botas puestas en la calle Mayor.

Desde la ventana indiscreta, Eva hace una llamada a un asesino. “Olvídate de mí. Te di el beso de la mujer araña”.

-El diablo es una mujer -grita el asesino. Y la calumnia de la mujer rubia provoca que el inocente, deseando amar, entre en el club del suicidio.

(...)

El día después nadie sabe que Eva, sola en la oscuridad, subió a un taxi malva y desapareció en la noche. Fue el único testigo de la caída de los dioses en Europa, 1951.


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