Todo llega, amigos... y unas cosas antes que otras, sí. Aquí está la segunda parte, la mejor, por aquello que conoceremos el número 1.... ¡adelante!

5. DEXTER. Apocado forense de la policía de Miami se convierte por las noches en asesino en serie, en una especie de “justiciero” al que no tardas ni tres capítulos en cogerle cariño. Mientras por el día es el hermano, novio, marido y hasta padre de familia numerosa ideal, por la noche, y en sus pensamientos, DEXTER saca a pasear a su “oscuro pasajero”. Un tipo incapaz de tener ningún sentimiento ni respeto por el resto de los humanos que posee una cualidad innata para despedazar a sus congéneres, siempre, eso sí, eligiendo cuidadosamente a sus víctimas: sólo aquellos hayan escapado impunes de las garras de la ley.

4. LOS SOPRANO. Decir mafia es decir Tony Soprano, ese gordo entrañable que igual te ahoga en tu propia sangre que te da un abrazo de oso amoroso. Lidiando con sus dos familias, la de la mafia, y su mujer y sus dos hijos, Tony soluciona todos sus problemas a golpe de depresión. Un guión a la altura de El Padrino y unos secundarios de lujo que van ganando peso en las trama, tanto, que terminan haciéndose imprescindibles. La evolución de los personajes y los sucesos que acontecen en la serie forman parte del mismo cóctel: la redención, la muerte, el suicidio, el asesinato, la confesión, la traición... nada escapa al control de Tony ¿o sí?. Bienvenidos a la familia.

3. BREAKING BAD. Walter White es un profesor de química que, tras conocer que tiene un cáncer terminal, se concierte en... traficante de drogas. Por necesidad, para dejar a su familia bien situada, pero también por desesperación, por dinero, por ego... ¿qué mejor uso se le puede dar a una autocaravana que convertirla en un laboratorio de drogas? Una sórdida maravilla en la que “todo está contaminado” como dice el propio White. Breaking Bad es triste, desesperazadora, realista, cruda, anticonvencional, pionera y sobre todo, muy muy buena. Nunca lo indecente fue tan justificable.



2. PERDIDOS. Es la serie que cambió nuestras vidas, nuestra forma de ver televisión; batió todos los récords de descargas en internet y millones de páginas webs se llenaron con comentarios, espoilers o teorías. Con la simple premisa inicial de situar a unos supervivientes de un accidente de avión en una “aparente” isla desierta, la trama se complica mezclando acción, ciencia ficción o un cuadrángulo amoroso. Pareció llegar al final (polémico, inexplicable, difícil de entender, ¡¡¿pero, están todos muertos?!!) cuando ya había dado lo mejor de sí misma. El clímax del final de la tercera temporada quedará grabado en nuestras retinas para siempre.


1. MAD MEN. Más que una serie, un estilo de vida, el estilo MAD MEN. Mad Men son los hombres locos de Madison Avenue; publicistas neoyorkinos en los comienzos de los años 60. Instalados en sus oficinas del Upper East Side, estos locos trajeados le venden al mundo progreso, estilo de vida y eso tan inocente – y a la vez siniestro – que es el American Way of Life, pero... a veces pareciera ser el reverso tenebroso de las películas de Doris Day. Nadie como Don Draper para reflejar el leiv motiv del sueño americano: cada mañana Don llega a la oficina con su mejor traje, camisa blanca y corbata. Entrega sombrero y abrigo a su secretaria, entra en su despacho, se sirve una copa y enciende un cigarrillo (en Mad Men se fuma y se bebe mucho, mucho) : está listo para empezar su día. Tras esa fachada de perfección, de padre de familia modélico, se esconde un turbio pasado que trata de ocultar a toda costa. Él es el eje y motor de la historia, el enigma a desvelar, pues la historia en Mad Men está, más que en lo que pasa, en los silencios escrutadores de Don, de alguien que lo tiene todo, pero que no está satisfecho con nada. Pasen y vean, no se arrepentirán.

Y para terminar... un Bonus track (o dos). Este pasado otoño hemos tenido la ocasión de disfrutar (¡y mucho!) de dos series de nueva factura que nos han dejado un gran, gran sabor de boca. En ambos casos, su primera temporada ha sido magnífica, contando con el aplauso de público y crítica. Esperamos ansiosos las continuaciones, previstas para el próximo otoño, deseando que igualen (y si es posible superen) y continúen el camino marcado. Se lo agradeceremos.

Desde Inglaterra nos llegó “Downton Abbey”: es la historia de una mansión inglesa de principios de siglo (la historia comienza nada más y nada menos que con el hundimiento del mítico Titanic). Señores y criados (sí, una especie de la setentera “Arriba y abajo”) transitan con presteza por las dependencias de la mansión. Amores frustrados, complots urdidos y desenmascarados y la ocasión (impagable) de ver a Maggie Smith ejerciendo de irónica condesa viuda. Una delicia para nuestros ojos.



Y desde Atlantic City (1920) asistimos a la historia de Nucky Thompson (un Steve Buscemi que acaba de recoger el Globo de Oro al mejor actor de serie de televisión) en “Boardwalk Empire” – también Globo de Oro a la mejor serie- ; o lo que es lo mismo, a los inicios del crimen organizado. Que la idea y producción – y la dirección del episodio piloto – provengan de Martín Scorsesse era sinónimo de buenos guiones, cuidadísima ambientación y una acertada elección de actores (inconmesurable el agente Van Alden). Perdérsela sería un crimen.



Y... esto es todo amigos. Sé que no están todas las que son, pero sí son todas las que están; al igual que cada español parece llevar dentro un seleccionador de fútbol algo parecido debe pasar con los seriéfilos, asi que esperamos vuestras alineaciones.

Mi vida en serie (I)

Creo que, si exceptuamos las noticias y eventos deportivos (Mundial de fútbol incluido, sí) por aquello del directo, llevo unos 3 años sin consumir televisión. ¿El motivo? Las idas y venidas de grandes hermanos, belenes esteban y demás gentes de singular vivir me provocan, literalmente, dolor de cabeza. Y creo que no soy la única.
¿Quiere eso decir que la televisión, hoy en día, no ofrece productos de calidad? Mi respuesta es categórica: en absoluto; somos muchos los que buscamos entretenimiento en la ficción televisiva... del otro lado del charco. (La ficción nacional, siento decirlo, parece no colmar las expectativas de los espectadores más exigentes).
Cadenas americanas como ABC, HBO, AMC (y también las británicas BBC o ITV) llevan unos cuantos años ofreciendo – ofreciéndonos – series de tal calidad que es comúnmente aceptado que los buenos guionistas y los grandes actores y directores incluso han relegado a la industria cinematográfica, algo carente de ideas, para poner su calidad al servicio de la pequeña pantalla. Así pues, gracias a los canales de pago, el DVD (nuestras Videotecas son una buena prueba de ello) y, obviamente, a la utilización de servidores de descarga web (mientras la Ley Sinde no lo prohiba) somos muchos los que disfrutamos de estas pequeñas grandes joyas televisivas.

Lo confieso, soy una serie adicta. Por eso, para compartirlo con mis semejantes y para dar un poco de luz a los menos iniciados, me voy a permitir presentaros mi topten de series
Por supuesto se admiten discrepancias, desacuerdos y disensiones, siempre que vengan acompañadas de recomendaciones y sugerencias que añadir a la lista.

Allá vamos:

10. FRINGE. Probablemente la gran desconocia a nivel popular. Con reminiscencias de la pionera Expediente X, nos presenta a Olivia Dunham, agente del FBI encargada de investigar todo tipo de sucesos extraños. Una conspiración del gobierno, ensayos clínicos con niños, universos alternativos y una genial inicial puesta en escena en cada capítulo. Va por la tercera temporada, la mejor, sin duda. Dadle una oportunidad y no os arrepentiréis.



9. CÓMO CONOCÍ A VUESTRA MADRE. ¿Conoces a Ted? (Bueno, y a su amigo Barney)
Pues Ted le explica a sus hijos cómo conoció a su madre, de la cual, tras casi 6 temporadas, sólo hemos visto un pie. Una gran comedia de amigos, al estilo Friends, muy ágil de ver (un DVD en 8 capítulos en apenas 2 horas).
Si preferís una visión friki no os perdáis La Teoría del Big Bang: dos físicos teóricos demasiados alejados del mundo real encarnado en su rubia y explosiva vecina.


8. CARNIVALE. Sombría, oscura, áspera… y deliciosa. Ambientada en la América profunda de la Gran Depresión, resulta demasiado sencillo decir que trata de una lucha del bien contra el mal o que recrea la vida de un circo ambulante. Mejor verla.
Cancelada por su alto coste tras una segunda temporada – preciosista la ambientación- dejó un gran sabor de boca… y demasiados interrogantes abiertos. Misma suerte parecieron correr las muy recomendables Deadwood (un gran fresco del salvaje oeste) y Roma.



7. A DOS METROS BAJO TIERRA. Familia americana algo disfuncional (los Fisher) regenta una funeraria. Toda una lección de vida sobre como convivir de manera natural con la muerte: jamás hablando de muerte se dijo tanto sobre la vida. Negra, negrísima, y también muy ácida. La serie termina como la vida misma: con asuntos inconclusos, preguntas sin respuesta, algunas lágrimas e inmortales recuerdos. Si os gustan los muertos, no perdáis de vista tampoco Tan muertos como yo o Pushing Daisies.

6.THE WIRE. Si quieres una hora de ficción televisiva elige ver The Wire. Las calles de Baltimore son un nido de venta de drogas, corrupción sindical, turbios manejos políticos, manipulaciones en los medios de comunicación… todo ello a través del departamento de policía, con el agente James McNulty metiéndose en demasiados líos. Aclamada por crítica y público dejó muy alto el listón al resto de series policiacas; no obstante, comparte honores con la más desconocida The Shield.



Y hasta aquí hemos llegao.... jeje; sí, prometí un topten, pero os voy a dejar con la intriga... unos días; ¡paciencia, paciencia! mientras.... hagan sus apuestas; no va más.

Vamos a recomendar un par de documentales de esos que se pueden ver por Internet y que son ajenos a la corriente mayoritaria:

Comprar, tirar, comprar: emitido en La 2 hace unos días, este documental dirigido por la alemana Cosima Dannoritzer aborda el fenómeno de la obsolescencia programada de algunos productos, sobre todo tecnológicos, que obligan al consumidor a reponerlos tras un periodo de tiempo determinado por los fabricantes. En él se perfila la historia de esta política comercial, se denuncia la utilización de países subdesarrollados como vertederos tecnológicos de las sociedades pudientes y se analizan algunos casos actuales que han llegado a los tribunales.

Aquí tenéis el documental íntegro emitido en TVE



La otra recomendación es un producto español de reciente factura: Escépticos. Serie de documentales emitidos por ETB y colgados en Internet cuya principal temática es la divulgación científica desde un punto de vista crítico. El primero de los documentales se tituló "¿Se llegó a la Luna?" y trata la teoría que cuestiona la veracidad de la llegada del hombre a nuestro satélite.
Detrás del proyecto se encuentran dos personas conocidas en el ámbito de Internet: José A. Pérez, autor del blog Mi mesa cojea y Luis Alfonso Gámez, autor del blog Magonia.

El primer documental íntegro:



Y con esto nos convencemos un poco más de que sí es posible otra televisión.

PIGMALIÓN


No sé qué ocurriría si Ovidio levantara la cabeza y descubriera que la irreal historia de amor que creó entre Pigmalión y Galatea (y digo irreal porque él en realidad no se enamora de una mujer sino de su propia obra, de la escultura que él mismo hace con tanta perfección, es decir que se da motivos para quererse a sí mismo aún más en un proceso en el que poco tiene que ver en realidad la otra) es uno de los recursos ya no sólo de la narración cinematográfica sino también de la telerrealidad con más tirón y más lacrimógenos resultados.

George Bernard Shaw supo ver el potencial de ese mito y con unos retoques por aquí y allá lo convirtió en 1916 una obra teatral de éxito y en la base sobre la que el Séptimo Arte empezó a experimentar, a probar, a variar...a degradar. Bernard Shaw fue el convirtió al escultor Pigmalion en un erudito e insoportable experto en fonética, arrogante y despectivo que se contrapone a la voluntariosa, sumisa y al final dulce Eliza Doolitle (aunque al principio nada de esto se pudiera ni siquiera presagiar bajo la suciedad y la grosería de la florista de Covent Garden). Tan insoportable lo concibió a su protagonista el propio autor que no le permitió un final feliz, aunque sí se lo permite a Eliza que tras revelarse contra el tiránico y aniquilador egocentrismo de Higgins le rechaza y escoge a otro que ve en ella algo más que el éxito de su experimento, porque a Eliza la hizo el autor iletrada pero no tonta. Sin embargo, en este punto comienzan las licencias cinematográficas más propensas al happy ending: tanto en Pigmalion (1938) de Anthony Asquith como en su versión musical My fair lady de Cukor (1964) sus antagónicos personajes se enamoran en ese proceso de superación y conocimiento mutuo, viendo sobre todo Higgins, más allá de los aspectos de clase y el argot.

Ésta, la historia de amor entre dos seres de origen y clase opuesta, se convierte en una característica más de la historia. El egocéntrico y arisco Higgins encarnado perfectamente por Rex Harrison pero ampliamente superado en crueldad y matices por Leslie Howard (un Higgins de aspecto suave e inocente, ¡pero sólo de aspecto!) se llega a convertir en el elegante e infeliz niño rico de Pretty Woman (el irresistible Richard Gere) y la vergüenza de clase pasa a ser sustituida por la vergüenza moral de la prostituta que encarna Julia Roberts. Y aquí empiezan las variaciones sobre un mismo tema y cual el propio Bach se van cargando las tintas en unos u otros aspectos consiguiendo consecuentemente resultados muy diferentes:

Si se quieren resaltar los efectos transformadores del amor y la importancia de la bondad y la personalidad más allá de los aspectos físicos o sociales, encontraremos historias en la línea de la Bella y la Bestia, que resalta como el amor elimina los perjuicios y las diferencias presente en este cuento popular y que parece ser que también provine de la antigüedad clásica, aunque alejándonos del aspecto más intelectual y centrándonos en el descubrimiento del otro en una situación aparentemente hostil como es la imposición de un compañero. Aquí, quienes hacen los esfuerzos son ellos en la línea del Fantasma de la ópera, El velo pintado, etc.

Si se quiere resaltar el cambio de vida y aspecto nos acercaremos al cuento de Cenicienta donde tenemos reinando a la antes mencionada Pretty Woman y muy por debajo más reciente Princesa por sorpresa y sus secuelas, pero si queremos acentuar el engaño al que se ven sometido los otros (no olvidemos que este aspecto, el de la apuesta está ya presente en la obra de Bernard Shaw) nos fijaremos entonces en títulos como Miss agente especial e incluso la muy superior Toostie de Sydney Pollack o la divertidísima Un gangster para un milagro de Capra. Incluso en la maravillosa Vacaciones en Roma en la que se amalgama todo: un cambio de vida y una relación que en un principio se basa en el engaño y en el interés pero que termina convirtiéndose en una historia de amor que transforma a sus protagonistas.

Pero volvamos al espíritu de superación y evolución intelectual que desprende Eliza en su perfil original, y terminemos este repaso al mito de Pigmalión y sus (amplias y licenciosas) variaciones, con dos películas preciosas y dos historias de amor normales pero no por ello menos importantes: Educando a Rita (1983), otra adaptación teatral en la que echan un pulso maravilloso Michael Caine y Julie Walters y Cartas a Iris (1989), una tierna historia de amor entre Robert De Niro (uno de los pocos ejemplos de hombres transformados por el conocimiento que encontramos) y Jane Fonda. En ambas historias la atención se centra en el proceso de superación, cambio y retroalimentación entre dos personas que encuentran en el otro lo que no tenían.

Todas ellas perfectas excusas cinematográficas en estos días de buenos sentimientos y propósitos de cambio.


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