Fatoumata Diawara


   Creo que mi primer contacto consciente con la música de África y concretamente con la música de Malí fue a través del soberbio “Talking Timbuktu” de Ry Cooder y Ali Farka Toure. Tras él llegaron otras músicas y músicos: Toumani Diabaté (extraordinario su trabajo con Taj Mahal: "Kulanjan"), Salif Keita, Amadou y Mariam, Oumou Sangaré, Habib Koité, Rokia Traoré, Bassekou Kouyate… Ya dijo Salif Keita que la música es el petróleo de Malí.
   Hace apenas dos semanas he descubierto a Fatoumata Diawara, polifacética joven: actriz, modelo, bailarina, cantante, multi-instrumentista…



   Fatou, es el nombre con el que se conoce a Fatoumata Diawara. Nació en Costa de Marfil en 1982, de padres malís vinculados al mundo del arte y la danza de la mítica región de Wassoulou, del oeste de Malí. Con 12 años sus padres la envían a Bamako, capital de Malí, a casa de una tía actriz que la introduce en el mundo teatral y cinematográfico. El director de Taafe fangan (El poder de las mujeres) pensó que aquella niña bien podía ser uno de los personajes de su película. Y así debutó Fatoumata en el cine. "Durante el rodaje veía a las mujeres en pantalones, y bebiendo y fumando bajo la carpa, y a hombres que, en la película, cocinaban, se ocupaban de los niños. Fue una gran experiencia comprobar que era posible otra vida". Su familia adoptiva no quiso dejarla marchar con una compañía de teatro francesa, pero ella se fue. "Me fugué una noche a las diez. Saqué la basura y cogí un taxi al aeropuerto". Con la compañía teatral Royale de Luxe recorrió medio mundo. "Al llegar a Francia puse una cruz sobre mi familia. No podía contar con nadie. Y ese vacío es algo increíble. O creces o te hundes. Cuando estaba sola, me ponía a cantar”. Comenzó a cantar en el tiempo muerto entre representación y representación. "La voz ha sido mi primer compañero. Me separé de mis padres muy pronto y fue un cambio brutal porque descubrí la vida de golpe. Intentaba entender por qué mi padre me enviaba lejos y, en vez de llorar, convertí las lágrimas en canto. Escribía metáforas para entender las cosas. Cantaba para poder sentirme bien. Y recuperaba la sonrisa, como si cantar me aliviara". Cree que la voz es el único instrumento con el que no se puede mentir: "Me curo poco a poco con ella en lugar de ir a ver a un psicólogo. Y me asusta que mi gente no comprenda que estoy enferma, que me afectó mi infancia y que, para no ser una persona amargada que acaba volviéndose mala con los demás, me tienen que dejar cantar. Es lo único que pido".


   Con la cantante de jazz Dee Dee Bridgewater salió por primera vez de gira. "Fue fantástico. Me di cuenta de que eso era lo que yo quería. Yo cantaba en locales de París, soul, rock, pop... Y tenía un público, pero aunque había compañías detrás de mí, les decía que no estaba preparada para grabar un disco". Allí la descubrió Cheikh Tidiane Seck, popular teclista y compositor malinés, con quien regresa a Bamako, donde participa en diversos proyectos musicales: en el disco “Seya” de la maravillosa Oumou Sangaré y en el álbum de la cantante de jazz afro-americana Dee Dee Bridgwater “Red Earth”. Su voz sedosa y contemporánea también está en los recientes discos de Cheikh Lô, AfroCubism, Herbie Hancock y Poli-Rythmo de Cotonou.

   Ahora está dedicada completamente a la música. Animada por Rokia Traoré, aprendió a tocar la guitarra y se dedicó a componer. Debuta para el prestigioso sello británico World Circuit de la mano la mismísima Oumou Sangaré. Hasta once piezas ha grabado y en las que destaca su voz cristalina. Ha contado con la mano maestra del productor Nick Gold (Buena Vista Social Club, Ali Farka Touré, Oumou Sangare, Orquesta Baobab…) para certificar un primer y magnífico disco. Fatoumara canta en bambara, el idioma de sus padres, y habla de los grandes temas universales: el amor, la guerra, el dolor y el placer. Le dedica una de sus canciones a la cantante Oumou Sangaré a la que considera un ejemplo vital. En otra de las canciones dice que sueña con que un día una mujer presida su país. Su voz destaca entre el inmenso coro de las voces africanas y Fatou se mueve entre la sensibilidad y la urgencia.

"Hice bien en esperar porque Nick Gold, productor de Fatou y productor ejecutivo de Buena Vista Social Club, podía pensar: 'es joven, su primer disco, le pongo a alguien que le diga lo que tiene que hacer', pero él sabe que sé lo que quiero. Así no se ha perdido la inocencia del disco, que es muy minimalista. Guitarra, bajo, batería... No pretendo convencer a la gente, demostrar nada a nadie, sólo busco comunicarme, compartir. Con amor, ternura... Es Fatou en toda su sencillez".

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