Las simples cosas

Una vez más me detengo a escribir y vuelven las mismas preguntas de siempre. Una me recrimina no haber elaborado esta 'entrada' con más tiempo (¿alguna vez seré previsora y no trabajaré “bajo la presión” de los límites del tiempo? ¡Con qué facilidad se esfuman algunas buenas intenciones!); la otra me cuestiona el tema (¿le interesará a alguien lo que aquí escriba? Es más, ¿nos lee alguien? ¿Hay alguien ahí? ¿El que calla otorga?). Y una vez más me encuentro sin respuesta satisfactoria (¿la necesito?). Y es que hoy mi cabeza alberga una jaula de grillos, sin que ninguno mantega la quietud necesaria que me permita atraparlo. Y, sin embargo, es tan simple: “No preguntes… no cuestiones… no te metas en follones...”, ¡déjate ir! Dejar... ¡qué palabra tan bonita!
Y dicho y hecho. Al instante viene en mi ayuda Italo Calvino y el comienzo de “Si una noche de invierno un viajero”, una de sus deliciosas novelas, a la que me gusta volver de cuando en cuando. Y así, con paso lento me encamino a la estantería y la recupero, porque quiero asegurar que no me falle la memoria. Y ahora, de forma simple, y más por mí que por ustedes, voy a transcribir y seguir tan sabias instrucciones (no todas, evidente, el lugar no lo permite).
“Estás a punto de comenzar a leer…Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo enseguida, a los demás: “¡No, no quiero ver la televisión!”. Alza la voz, si no te oyen: ¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!”
Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de lado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf  (...)
Regula la luz de modo que no te fatigue la vista (…). Trata de prever todo lo que pueda evitarte interrumpir la lectura. Los cigarrillos a mano, si fumas, el cenicero. ¿Qué falta aún? ¿Tienes que hacer pis? Bueno, tú sabrás.
No es que esperes nada en particular de este libro en particular. Eres alguien que por principio no espera ya nada de nada. Hay muchos, más jóvenes que tú o menos jóvenes, que viven a la espera de experiencias extraordinarias; en los libros, las personas, los viajes, los acontecimientos, en lo que mañana te reserva (…)"

Y sigue por espacio de cuatro páginas más, lectura que aconsejo hagan ustedes mismos siguiendo y, a ser posible, probando alguno o varios de los consejos que generosamente brinda el señor Calvino. Yo aún me atrevo a seguir "usando" (que no abusando) las palabras de otro, porque en numerosas ocasiones reflejan simple y acertadamente lo que yo pienso o siento. No es pereza, aunque puede que también; es... ¿nostalgia?

Relájate. Concéntrate. Busca una idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume… (difícil, seguro que, cuando más inspirada esté, vendrá alguien, siempre pasa). Adopta una postura cómoda (umm, ya está). Dejo la vista perderse a lo lejos, recorro la sala aún semivacía en busca de un recuerdo que me atrape; en los ventanales se asoma el otoño, la tarde está gris, quizá llueva… Una idea. No vale cualquier cosa. ¿Por qué resultará tan difícil ver, disfrutar y entender que la mejor opción es siempre la más sencilla? Esta tendencia a complicarse la vida…
Lo importante no es cómo se empieza, es cómo se acaba (gran frase que, dependiendo de la situación y de quién la verbalice, puede sentar fatal pero, como la digo yo, no hay caso).
“Uno vuelve siempre a los mismos sitios donde amó la vida..."
Chavela y ‘Las simples cosas’, poema del argentino Armando Tejada Gómez. Mercedes Sosa también la interpretó, y Buika. Las tres me gustan mucho, pero en este caso, si hoy me dan a elegir, me quedo con Chavela (bueno, hay partidas que siempre ganará Chavela)



"Uno vuelve siempre a los mismos sitios donde amó la vida..." Volver a un lugar, a un libro, una canción o una película, rincones con los que me gusta reencontrarme, porque al hacerlo recupero momentos, emociones, gentes que disfruté mucho y que me impulsaron hacia alguna o ninguna parte; en ocasiones incluso me descubren detalles que no supe ver en su momento. ¡Qué difícil elegir! Aunque debo confesar que alguno de estos retornos no ha sido del todo afortunado, también confieso la seguridad que hay muchos que jamás me decepcionarán, o sí, pero se lo perdonaré.

La tarde ya ha caído. La sala vuelve a estar semivacía. Las luces pronto empezarán a perder su intensidad y todo quedará en silencio. Llega el momento de recoger. Pido disculpas, lo que se me ocurre ya es sólo para mi. Les dejo y me dejo llevar por la armónica de Ismael Lo

2 Comments:

  1. Anónimo said...
    Hay alguien aquí..., hay mucha gente que agradece que en el mundo haya gente como vosotros y un espacio como la Biblioteca
    Usuaria habitual said...
    Yo recuerdo bien cómo amé la vida la primera vez que vi y escuché esta joya y también recuerdo cómo después vinieron más...

    http://www.youtube.com/watch?v=qjetz4xJZ9o&feature=channel_video_title

    Es impresionante el catálogo de la fonoteca... una lástima que Barbara nunca vaya a estar... la gran voz de la chanson francesa, la Femme Piano, la Gran Dame Brune nunca fue conocida en España.

    Gracias por este espacio y vuestro trabajo.

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