Una Y Otra Vez



    Hablaba hace poco con alguien cercano del hábito de “re-leer, re-visionar y re-escuchar” y descubrí, no sin cierta sorpresa, que me comporto de forma completamente heterogénea ante los diferentes canales:

    Me di cuenta mientras hablaba, de que, de forma contraria a mucha gente, no suelo releer. La verdad es que diría que lo he debido hacer en contadísimas ocasiones. El único título que ahora me viene a la cabeza al que he vuelto por mero placer y lejos de objetivos pragmáticos es “Cinco panes de cebada” de Lucía Baquedano, un pequeño librito de mi juventud, con una historia sencilla, al que pasados los años vuelvo, leyéndolo de un tirón y quedándome cada vez con algo nuevo de esa lectura. No me preguntéis por qué ese libro y no cualquier otros de los que también me gustan, porque no lo sé. Si algún día lo descubro prometo un post con las razones.

    Con el cine en cambio ocurre que, de vez en cuando, por deseo propio o ajeno o puro azar televisivo, vuelvo a ellas y el resultado es también azaroso. He de confesar que también me cuesta revisionar películas pero en ocasiones celebro volver a ellas y en otras, desgraciadamente sirve para soltar lastre y eliminarlas de mi lista de imprescindibles, pérdidas más o menos dolorosas, pero habrá que dejar espacio para nuevas incorporaciones….

    Sin embargo con los discos….mi comportamiento es otro. Algunos ya sabéis que una es de naturaleza obsesiva pero sobre todo, y para tranquilidad propia y de mi familia, se refleja casi exclusivamente por ahora en mi forma de escuchar música. Descubro un disco y lo escucho una y otra vez, algunas veces movida por un “subidón” de entusiasmo inusitado ante un fortuito hallazgo y otras, por un instinto de “cerdo trufero” escucho y escucho como quien va desenterrando poco a poco convencido de que bajo la tierra hay sin duda un tesoro. Tiempo después los abandono llegando incluso algunos a olvidarlos. Pero siempre, antes o después, por la razón que sea hay un momento en que vuelvo a recuperarlos y entonces, la verdad es que es como catar de nuevo un buen licor que tienes arrinconado en la bodega que te trae de nuevo ese gran sabor por el que una vez lo seleccionaste y guardaste con mimo. Siempre, siempre mientras los re-escucho me viene el mismo pensamiento a la cabeza: “Con razón me gustó este disco. Discazo. Tengo que rescatarlo”. Creo que no he tenido ninguna decepción, por lo menos ninguna que recuerde con dolor y haya quedado enquistada con resentimiento en mi memoria de melómana.

    He vuelto hace poco sobre estas reflexiones al rescatar, aprovechando una limpieza, dos discos Those the brokes de The Magic Numbers y Shell Kids de Sidonie que encajan perfectamente en lo que os he comentado hasta ahora. Casualmente ambos no han sido señalados por la crítica como los mejores trabajos de estos grupos pero para mí escucharlos de nuevo ha sido un auténtico placer porque son una sucesión de canciones preciosas, con fuerza…todas tienen algo y desde aquí os los recomiendo. Y también os recomiendo otros dos discos de esos que ahora estoy escuchando con afán y que algún día olvidaré y que otro día, por casualidad volveré a poner en el equipo y que me dibujarán una sonrisilla de satisfacción en mi cara según vayan avanzando: la banda sonora de “(500) Días juntos” y “La joven Dolores”, el último disco de Christina Rosenvinge que ha sido una sorpresa auténtica para mí. Entró en mis oídos poco a poco pero ya está completamente instalado, sus letras en mi mente y sus melodías en mis tatareos. Los entendidos lo señalan como uno de los discos del año. Os lo digo por si este argumento os convence más que los míos. Que los disfrutéis.


En nuestra Fonoteca podéis encontrar:
    Those the brokes de The Magic Numbers (PR)
    (500) Days of Summer (BSO)
   La joven Dolores de Christina Rosenvinge (en nuestra cajonera de Novedades)

0 Comments:

Hacer un comentario




Clicky Web Analytics