Mi biblioteca y yo

La semana pasada nos visitó una periodista para hacer un reportaje de la Biblioteca que se publicó en un diario de ámbito regional 
Por otro lado, también hace unos días, recibimos una postal en la biblioteca. Una usuaria nos la enviaba desde Puerto Rico para decirnos que se acordaba mucho de ella y la echaba de menos (Gracias Amalfy). Como persona vanidosa, egoista e imperfecta que soy las noticias me produjeron una subida de autoestima inmediata. Vamos, que ni que hubiera rellenado todos los quesitos del trivial.
Guiado por esta euforia efímera, estos hechos me han llevado a preguntarme qué valor le darán los usuarios a mi biblioteca. Y, sobre todo, qué poso les quedará cuando pasen los años. ¿Cómo hablarían de ella si estuvieran en una sobremesa después de una plácida comida? ¿Pensarían que habían merecido la pena esos paseos deprisa y corriendo para devolver los documentos en el último momento antes de ser sancionados? ¿O sería algo que rememoraran  como un tiempo perdido que podían haber empleado en otras cosas?.
Aunque sé que mi parte alícuota en el resultado de que la biblioteca (y su Red) sea lo que es es infinitesimal (quisiera ser útil, no insustituible), me gustaría escuchar que descubrieron muchas cosas, que era una caja mágica de bombones belgas  que no se acababan nunca, etc, etc.
Como creo que al CIS le interesan más los sondeos electorales que este otro tipo de encuestas, me he autopreguntado algunas cuestiones al respecto para ver cuál sería mi experiencia y cuáles mis conclusiones.
Partiendo de la base de que me he ceñido al apartado de música (no quiero aburrir más de lo necesario), éstos son mis resultados a la pregunta de qué escuchaba antes de llegar a la biblioteca y qué escucho hoy:
-Cuando conducía mi primer coche recuerdo que ponía a Serrat o Silvio Rodríguez. Ahora al volante  -tras descubrirlos en la Torrente Ballester- los CD's son de Damien Rice, Kevin Johansen, Deluxe o Arcade Fire.
-En la adolescencia, antes de salir los fines de semana mi banda sonora eran El Último de la Fila, Bruce Springsteen o Ramoncín (el de "Felisín el vacilón"). Hoy en día, en esta situación pondría -gracias sobre todo a sacarlos de la biblioteca- Dusminguet o Van Morrison.
-En las inolvidables horas de estudio nocturno a veces escuchaba música clásica (siempre irán asociadas a Rachmaninov). Hoy mi concentración me pide cuando la necesito discos como el "The Köln Concert" de Keith Jarrett -desconocido para mí si no fuera por la biblioteca.
-En las reuniones en casas de amigos sonaban Pata Negra, Nacha Pop o Leño, mientras que hoy amenizan esos encuentros -de nuevo causus bibliotheca- Salif Keita o La Chicana.
-La Universidad fue donde me enganché a gente como Pixies, Enemigos, Pearl Jam, Camarón o el Son cubano gracias al "Buena Vista Social Club". La Universidad terminó pero en estos años de bibliotecario me ha permitido ver en directo a Carlinhos Brown, Son de la Frontera o Javier Ruibal -exprimidos en nuestra Fonoteca.
-Durante las salidas nocturnas buscaba bares en los que poder escuchar a Bowie, los Kinks, Creedence o Rolling Stones (en esos bares descubrí "Lust for life" de Iggy Pop, "Jessica" de los Allman Brothers Band y tantas otras). Hoy mis salidas son menos pero soy igual de exigente con la música, aunque por culpa de la biblioteca mis apetencias noctámbulas pueden ir de Chemical Brothers a Ojos de Brujo, de Ben Harper a "Teardrop" de Massive Attack.
La retahila prodría continuar pero esto no son ni unas memorias ni una hagiografía. Las conclusiones creo que ya pueden sacarse así que no me explayo más: gracias a mi biblioteca. Gracias por ayudarme a cruzar puentes y saber a que suenan las nuevas avenidas, a traspasar fronteras, a dar con territorios para mi incógnitos. Y sobre todo gracias por asomar en mí puntos cardinales que no sabía que tuviera.

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