Inferno

Aunque Halloween ya pasó, vamos a hablar de terror. Ese terror que de tan monstruoso es comedia pura. Ese terror ante el que sólo la risa sirve de respuesta.
No sé qué oscura razón hay detrás de esto. Ignoro a qué obedece tamaño despliegue de atrocidad. No acierto a adivinar qué intención, si la hubo, se esconde detrás de toda la cadena de actos que desembocan en estas monstruosidades. Se me escapa por completo qué tipo de necesidad obliga a un sujeto o varios a materializar sus pesadillas en un disco y ofrecer el resultado a la humanidad inocente. Estas y otras son cuestiones y enigmas cuya vigencia, por incapacidad mía de desentrañarlos, mantendré.

Comencemos el macabro circo:

David Hasselhoff - Night Rocker, oséase, rockero de la noche. Andamos por 1985 y eso pesa. El inefable Hasselhoff, no contento con aparecer en la televisión a los mandos del coche fantástico, hace esta incursión imperdonable en el mundo de la música. Esa guitarra de flecha que presumiblemente no sabe tocar, esa facha encuerada a tono con el macarra coche que se insinúa como su inseparable KITT. Son los tiempos de Knight Rider (aquí El coche fantástico) y el parecido entre ambos títulos (serie y disco) junto a la presencia del deportivo coche no son casuales. Luego se bañó de lleno en el alcoholismo...con estos antecedentes es comprensible.

Kenny G-Breathless Pues sí, así, sin aliento nos quedamos cada vez que te mentamos, Kenny. Esta especie de Actor secundario Bob de la música es el rey del hilo musical en las salas de espera de cualquier sitio en el que la sala de espera cumple su propósito. Inagotable y monótono, Kenny G no es capaz de dejar de exprimir sus pulmones. Las esperas se hacen soporíferas, más aún, y uno es recorrido de arriba a abajo por una angustiosa duda acerca del sentido de todo lo que le rodea.




Steven Seagal-Songs from the Crystal Cave
Ya era mal actor, pero la voluntad de amargarnos la vida no se limitaba al celuloide. Cogió una guitarra como arma y comenzó a repartir palizas en forma de notas musicales. La cueva de cristal esa que menciona en el título del disco debe de ser aquella de la que nunca debió salir un elemento de esta ralea.




John Wayne-America, Why I love her
Precisamente por este atentado no te amamos, John. Más americana (del norte) no puede ser la presentación. Más patriótico, imposible. Un disco que, a juzgar por la portada, podría ser perfectamente la banda sonora del Tea Party. Casposo como él solo.




Fabio - After Dark
Qué decir de Fabio que su imagen no diga ya. Qué mujer tiene el sentido tan trucado como para ver en este fulano un modelo masculino al que adorar. Fabio es un romántico, de eso no cabe duda...es un romántico y, además, no tiene perdón de Dios. ¿Es una mujer testosteronizada? ¿Es un avión? ¿Es un cantor del amor? ¿Es el hermano desenfadado de Kenny G? ¿Qué o quién es Fabio?



Chris Burke - ...Singer with the band
Este disco lo tiene todo. Chris Burke (le recordaréis como Corky en la famosa serie televisiva) decidió montar una banda con la que sacar fuera todas sus inquietudes musicales. La banda son dos gemelos vestidos de igual manera que sonríen como pillos detrás del primer plano de un Corky luciendo su mejor camisa para la ocasión. No estoy seguro de si este disco fue comercializado o resultó ser un regalo de cumpleaños para el trío.


Estos son tan solo algunos ejemplos de este singular círculo del infierno de la música. Hay más, muchos más, pero a estas alturas no me quedan fuerzas para seguir. Si continuase, agotaría toda mi reserva de esperanza en la humanidad y es posible que acabase grabando un disco.

El síndrome de cautiverio es una enfermedad provocada por una lesión cerebrovascular que daña el tronco cerebral, de manera que quien la padece se encuentra encerrado en su propio cuerpo, como una escafandra que impidiera la movilidad, condenado al bloqueo corporal pero no mental . Se puede sentir, pensar, escuchar, memorizar.. pero no se puede hablar, el cuerpo no puede expresarse más que con movimientos visuales y parpadeos y, en algún caso con ligeros movimientos faciales.

Jean-Dominique Bauby
era redactor de la revista francesa Elle. En 1995 sufre un accidente cerebral y a los 43 años es víctima de este síndrome. Como secuela de ello, de la totalidad de su cuerpo apenas podía mover el párpado izquierdo y levemente el cuello. Apenas un año y diez meses después Bauby finalizó sus notas y dejó tras de sí un precioso legado de superación plasmado en las páginas de su libro.
La escafandra y la mariposa es una de esas películas que no te atreves a ver con todo el corazón porque parece que va a hacerte daño, que es mejor no implicarse en exceso, que incomoda. Sin embargo a medida que van avanzando los minutos te das cuenta de que no es necesario poner el escudo. La película no aborda la historia de Jean-Dominique de modo trágico y fatalista o sentimental, sino que es él mismo quien nos la va contando, incluso sin poder comunicarse. Empatía, tristeza o admiración se mezclan en el interior y nos remueven por dentro. Es una historia que conmueve, sí, pero desde el respeto, la admiración y también desde el humor que en todo momento demuestra , aún en medio de la desesperación y la amargura.

Jean-Dominique Bauby, nos arrastra hacia el interior de la escafandra para hacernos sentir la evolución de sus sentimientos y sus estados de animo : desde el miedo, la desesperación y la ira de los primeros momentos, hasta un estado de conformismo, relativa serenidad y un deseo profundo de superación que le lleva a comunicarse a través de la única ventana de su prisión : el parpadeo de su ojo izquierdo. Así, va deletreando palabras y frases a su esforzada y paciente secretaria, escapando de la prisión de su cuerpo, para contar al mundo su historia. Se escapa volando hacia imágenes, paisajes y recuerdos amables que nos llevan a conocer su vida anterior, la relación con sus hijos, con su exmujer, con su novia actual... Su vida anterior llena de sofisticación y glamour frente a la condena actual.

Superación: Estado que alcanza el alma cuando sabe que el cuerpo es sólo un medio de expresión ampliamente superado por un espíritu que conoce la libertad.

Vaya por delante que no suelo escuchar habitualmente bandas sonoras. Quizá porque la mayoría están concebidas como la parte indisoluble de un todo y, al escuchar muchas de ellas, aunque aprecias su calidad, en el fondo, su nivel de dependencia con la imagen y la narración es tan alto que quedan cojas en una audición aislada. Por esta razón la recomendaciones que os hago hoy tienen el doble de mérito: por un lado porque a mi entender son cuatro casos que enlazan perfectamente con el espíritu y la estética de las películas de las que acompañan y funcionan musicalmente hablando de forma totalmente independientemente a sus respectivos films y porque vienen de la mano de una descreída que hasta hace poco no daba una segunda oportunidad a este género (¡Es broma!)

Por casualidad he descubierto estas tres bandas sonoras, relativamente recientes todas, de las que os quiero hablar y que además (¡Oh, fortuna!) están todas en nuestra Fonoteca.

Al igual que la película, la banda sonora de ONCE es una pequeña joyita compuesta por canciones de corte independiente creadas por Glen Hansard y Marketa Irglova (también protagonistas de la historia) que enlazan con el espíritu idealista y algo melancólico de este preciosa historia de amor, música y sueños. No me canso de escucharla porque, a pesar de la sencillez de sus temas estos están llenos de intensidad y delicadeza. Buen ejemplo de estas dos cualidades son cortes como “Falling slowly” y la increíble y estremecedora “If you want me”.

He de reconocer que no he visto UNA HABITACIÓN EN ROMA por lo que no puedo hablar de si se adapta convenientemente o no a la película de Medem (os comento esto porque me han llegado comentarios de carece de la capacidad de fusión entre música e imágenes, sobre todo si era comparado con los trabajos que para este director había hecho anteriormente Alberto Iglesias). Al margen de esto, la música en sí misma me parece una maravilla, un experimento raro pero con mucho encanto, íntima, delicada, basada en el colorido y la sensualidad de una maravillosa voz, que creo que a pesar del resultado final puede enlazar mucho con el espíritu tan personal del creador vasco. La responsable de esta partitura es Jocelyn Pook, una londinense que ya trabajó a las órdenes de este director en su anterior película, “Caótica Ana”.

Otra banda sonora sorprendente y muy personal es la de DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS. Es fruto de Karen Orzolek, éxotica cantante, también conocida como Karen O., es más conocida en el terreno de la música indie por ser la lider y vocalista del grupo “Yeah Yeah Yeahs”. Sus canciones complementan a la música instrumental de Carter Burwell. Dice la cantante con respecto a su colaboración en la película: "Mi trabajo era aportar melodías sencillas e infantiles, que recuerden esas grandes canciones pop del pasado que no puedes olvidar, que te lleguen directamente al corazón y sean como la voz interior de Max. Escribimos la música a lo largo de dos años en cinco sesiones. Componer la música antes de que esté montada la película te da más libertad. Sin las limitaciones de una escena ya montada, podíamos concentrarnos realmente en los sentimientos que nos provocaba la obra" y esto se nota, porque tanto la música como la estética que aporta Spike Jonze, el director son expresiones estética muy muy personales y eso es lo que engancha en este trabajo, también con su banda sonora.

Espero que las escuchéis y que os gusten y que me habléis de las bandas sonoras que últimamente os han sorprendido a vosotros. ¡Espero vuestras recomendaciones!

Iñaki Diéguez y el Circo del Sol

El irunés Iñaki Diéguez ha tocado el acordeón con muchos grupos y artistas vascos, tal como Pantxoa eta Peio o Gontzal Mendibil. Sus proyectos más personales, hasta el momento, han sido el grupo folkGhatusain o sus devaneos jazzísticos con la formación Iñaki Diéguez trio.

Con este trío ha grabado el disco "Crossing time" para la compañía vasca Etxe-ondo

En "Crossing time", Iñaki lleva el acordeón por terrenos jazzies. Aparte de tocar algunos clásicos, también ha grabado varias composiciones propias. La formación la completan el baterista Igor Telletxea y el bajista Ritxi Salaberria.

Desde hace dos años está en el Circo del Sol. haciendo un periplo por los Estados Unidos. Según cuenta, su mujer le comentó que dicha multinacional del espectáculo buscaba músicos. Tras ponerse en contacto con ellos, le pidieron tres vídeos. Grabó las tres piezas y se las envió. Cuando ya se había olvidado de ello, recibió una invitación para ir a un casting en París. A los efectos, la compañía divide el mundo en dos: unos para Chicago, otros para la Ciudad Luz. Tras superar la prueba parisina, le contrataron y forma parte de ese circo mágico.

En Salamanca hemos tenido la suerte de escucharle en dos ocasiones, en los conciertos organizados por la Biblioteca, durante las Ferias del Libro.

Y en la biblioteca tenemos su, hasta ahora, único disco: Crossing Time en nuestra fonoteca.

Os dejo una muestra de su música en este vídeo. Un corte del disco, composición suya, que lleva por título: Begi Ttikiak (Ojos pequeños). Es un gran tema así que disfrutadlo.


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