Un amigo me recomendó el último CD de Mayte Martín. Yo llevaba más de un año sin saber nada de ella. La carta de recomendación decía: "para mí está a la altura del disco de Serrat cantando a Miguel Hernández". ¿Cómo resistirse a esta provocación? "El Dani ha perdido el juicio", pensé. Hay obras de arte que no admiten comparación con nada simplemente porque están en un estadio superior. Sólo para poder rebatir a mi amigo ya merecía la pena escuchar "Al cantar a Manuel", que así se titula.
A los pocos días me acerqué a la tienda de discos. "¿Tienes el último de Mayte Martín en el que ha puesto música a poemas de Manuel Alcántara?" "¿Ese disco tan malo?" señaló el dependiente (e inmediatamente se estiró ligeramente la comisura de sus labios para formar una sonrisa irónica). El que Jaime sonriera e hiciera un comentario, gesto que guarda para ocasiones especiales ante sus clientes, era otra buena señal.
Ahora llevo ya varias semanas en las que no puedo quitármelo de encima. A cualquier hora del día, como el gazpacho en verano. Me tiene atrapado. Creo que acabaré dando la razón a Dani.
"Este disco es, sin duda, una cima de la canción española" he leído en algún sitio, y es que ya es tiempo de poner a Mayte Martín en el Olimpo de la música nacional. Barcelonesa de 45 años, es capaz de salir de gira con cuatro espectáculos diferentes en la maleta y salir por la puerta grande siempre y en todo lugar (sería la excepción al refrán "quien mucho abarca poco aprieta"). A mí me hizo llorar en un concierto y eso se lo perdonaré siempre.
El disco lo tendremos pronto en la Biblioteca. Mientras llega y para abrir boca, un par de poemas de Manuel Alcántara de entre los escogidos por Mayte.
Le gustaban pocas cosas
le gustaban pocas cosas
el alcohol y las ventanas
el mar desde una colina
el mar dentro de la playa
el olor de los jazmines
los libros de madrugada
el sol, el pan de los pueblos
Quevedo, recordar África
las noches y los amigos
el verano y tus pestañas
En aquel tiempo
Ahora llevo ya varias semanas en las que no puedo quitármelo de encima. A cualquier hora del día, como el gazpacho en verano. Me tiene atrapado. Creo que acabaré dando la razón a Dani.
"Este disco es, sin duda, una cima de la canción española" he leído en algún sitio, y es que ya es tiempo de poner a Mayte Martín en el Olimpo de la música nacional. Barcelonesa de 45 años, es capaz de salir de gira con cuatro espectáculos diferentes en la maleta y salir por la puerta grande siempre y en todo lugar (sería la excepción al refrán "quien mucho abarca poco aprieta"). A mí me hizo llorar en un concierto y eso se lo perdonaré siempre.
El disco lo tendremos pronto en la Biblioteca. Mientras llega y para abrir boca, un par de poemas de Manuel Alcántara de entre los escogidos por Mayte.
Le gustaban pocas cosas
le gustaban pocas cosas
el alcohol y las ventanas
el mar desde una colina
el mar dentro de la playa
el olor de los jazmines
los libros de madrugada
el sol, el pan de los pueblos
Quevedo, recordar África
las noches y los amigos
el verano y tus pestañas
En aquel tiempo
yo tuve el corazón capaz de lluvia
ocurría febrero con sus alas
y el tiempo digital nos puso juntas
las manos los ojos y los cuerpos
toda la tierra que el amor excusa.
igual que el viento en las banderas altas
se comportó en nosotros esta música.
me fui quedando acompañado y cierto
entendido en los bosques de mi jungla
leñador orgulloso de raíces
que pensaban estar por siempre ocultas
lo de siempre se puso a ser distinto
el mar entero cupo en una urna
y el hielo de los vasos provenía
de una lejana nieve nuestra y única.
mis manos migratorias se quedaron
a vivir en tu tierra más profunda
y en mi boca de siempre descontenta
dimitían de pronto las preguntas.
presenciadas por dos cambian las torres
la muerte aplaza sus gestiones últimas
y estar vivo, se agita y condecora
igual que el mar sin árboles ni tumbas
la muerte es como un libro o un espejo
donde uno mira y mira sin ver nunca.
ven cerca. más. que entre los dos no quepa
ninguna muerte ni ninguna duda.
te hablo desde febrero y desde siempre
sabemos del amor por lo que alumbra
por lo que tuerce y acrecenta y rige
por su forma de andar en la penumbra.
y así, sobre semanas perseguidas
izamos con esfuerzo nuestra luna
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