Cuando la amada no es de carne y hueso: Air Doll y Lars y Una Chica de Verdad
Publicado por RUTAS en 04:20
Reconozcámoslo, por muy abiertos y liberales que seamos, o nos creamos, hablar sobre muñecas hinchables no está todavía bien visto. Es un tema que nos pone tensos. Bueno, bien pensado, en realidad hay a quien le relaja bastante, pero...ese no es el asunto. Lo que trato de explicar es que a todo aquel del que podamos llegar a saber por confesión propia o ajena que es propietario de una lo etiquetaremos sin pensarlo dos veces de rarito o pervertido y le miraremos desde entonces de soslayo mientras huímos de su lado con disimulo. De igual manera, cuando descubrimos que la protagonista principal femenina de la película que hemos elegido es una muñequita de plástico, y no me estoy refiriendo a los nuevos iconos de belleza exportados de Hollywood tras la puesta a punto por parte del cirujano de turno sino de las que vienen plegadas y por correo, nos ponemos también en guardia y desconfiamos. A pesar de lo jugoso del tema, que no de la fémina, existen pocos ejemplos en el cine que lo tomen como punto de partida, quizá por el aura enfermiza y poco atractiva que os mencionaba al comienzo. Sin embargo, como importa más la calidad que la cantidad, aquí como en casi todo, ....¡alegrémonos! porque tenemos dos películas más que interesantes sobre el mismo y de las que os quiero hablar, dos pequeñas fábulas contemporáneas de factura independiente: Air doll y Lars y una chica de verdad. Hoy es vuestro día de suerte.
A pesar de un punto de partida común, un globo de plástico con formas femeninas más que generosas y un dueño con problemas para enfrentarse a la vida, podíamos haber encontrado pocas películas que compartieran menos características. Vamos con el juego de las diferencias (uno de mis preferidos): el primero de los films es japonés y el último de la filmografía de un director (ya casi culto y sobre todo de buen hacer), Hirokazu Koreeda, y recientemente estrenada en nuestros cines. La segunda película, en cambio, ya tiene tres años, es norteamericana y no la avala el buen hacer de su director, Craig Gillespie, porque es el responsable de comedias más bien comerciales y no de demasiados galones (aunque quizá os tranquilice saber que la guionista, Nancy Oliver, es una de las responsables de A dos metros bajo tierra). Ahí tenéis ya tres. La cuarta podría ser los distintos puntos de la vista de cada historia: mientras que la de Air doll nos muestra la humanización (literal) de la muñeca y el descubrimiento del mundo por parte de ésta (su extrañeza ante un entorno nuevo), la segunda utiliza de excusa a la muñeca para que sea Lars, el propietario y protagonista, el que descubra el mundo, su mundo, una pequeña comunidad que le quiere (aunque al principio cueste entenderlo) y lo demuestra haciendo gala de un espíritu que entronca con el cine de Capra y que les lleva a una situación surrealista (la extrañeza entonces traspasa la pantalla y es el espectador el que atónito va asimilando y aceptándolo a medida que va recibiendo información). Por último, las sensaciones que ambas dejan en el espectador también son dispares en función de lo bueno o malo que ha aportado dicha interacción con el entorno: un regusto amargo en el caso de la del japonés porque, desgraciadamente, el ser de carne y hueso implica obligatoriamente sufrir, pero dulce y reconfortante en el caso de la americana porque contrariamente consigue reconciliarte con el ser humano aunque luego veas las noticias y te dure poco).
Me gustaría destacar sólo un aspecto en cada una de ellas: en el caso de Air doll, su banda sonora, que enlaza a la perfección con la naturaleza de la protagonista y con esa desconcertante mezcla de realismo y fantasía de la sociedad nipona, tan presente en la historia, y, en el caso de Lars y una chica de verdad, el reparto, magníficos actores entre los que campa a sus anchas un maravilloso y camaleónico Ryan Gosling (quedaos con ese nombre), el tremendo actor que da vida a Lars y que hace creíble (afortunadamente para nosotros porque sino la película no resistiría) un personaje muy difícil de entender al principio pero que termina haciéndose querer.
Si, milagrosamente, después de estas líneas decidís ver ambas (¡creo que pido demasiado!) descubriréis por vosotros mismos muchos más aspectos que las hacen diferentes. Sin embargo tienen también algún aspecto importante en común como el hecho de que ambas son retratos muy acertados y perspicaces de la sociedad actual y en concreto de la soledad, algo que, desgraciadamente independientemente del país y el tipo de vida que llevemos nos unifica a todos y el de que en el caso de ambas es mejor conocer poco sobre el argumento. Estoy segura de que os van a sorprender.
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