En 1975 Stanley Kubrik rueda, sin duda, la que es su obra más singular y ambiciosa: “Barry Lyndon”, la excelente adaptación a la pantalla de la novela homónima del escritor británico William Makepeace Thackera. Un film indispensable si se quiere comprender la historia del “séptimo arte”. Una pieza excepcional y terriblemente innovadora en el apartado técnico y sublime en el desarrollo estético y formal.
Kubrick se sirve de la pintura inglesa del siglo XVIII como gran fuente de inspiración visual, para la construcción del momento en el que se desarrolla la historia. Las pinturas de Reynolds, Stubbs, Watteau y Constable, entre otros, se convirtieron en referencias vitales e indiscutibles de su film. Y es así como en la búsqueda de la máxima verosimilitud, Kubrik decide grabar las escenas con iluminación natural. Una iluminación que en el caso de las escenas de interiores se vera reducirá a la luz de la velas de cera de abeja, similares a las que se utilizaban en la época. Para llevar a cabo este complicado propósito Kubrick recurrió a
Os dejamos este estupendo enlace que ayuda a entender mejor de lo que hablamos. Un excelente video que nos acerca la maravillosa relación que Kubrik consigue establecer entre su obra y la pintura del siglo XVIII.
