Barry Lyndon

En 1975 Stanley Kubrik rueda, sin duda, la que es su obra más singular y ambiciosa: “Barry Lyndon”, la excelente adaptación a la pantalla de la novela homónima del escritor británico William Makepeace Thackera. Un film indispensable si se quiere comprender la historia del “séptimo arte”. Una pieza excepcional y terriblemente innovadora en el apartado técnico y sublime en el desarrollo estético y formal.

Kubrick se sirve de la pintura inglesa del siglo XVIII como gran fuente de inspiración visual, para la construcción del momento en el que se desarrolla la historia. Las pinturas de Reynolds, Stubbs, Watteau y Constable, entre otros, se convirtieron en referencias vitales e indiscutibles de su film. Y es así como en la búsqueda de la máxima verosimilitud, Kubrik decide grabar las escenas con iluminación natural. Una iluminación que en el caso de las escenas de interiores se vera reducirá a la luz de la velas de cera de abeja, similares a las que se utilizaban en la época. Para llevar a cabo este complicado propósito Kubrick recurrió a la NASA, de la que obtuvo una lente especial. Hay quien cree que esta pudo ser utilizada por el mismo director en el año 69 para la realización de las polémicas imágenes de la supuesta llegada del hombre a la luna. La lente Zeiss de 50 mm, desarrollada por la NASA, sirvió a John Alcott, director de fotografía del film, para rodar sin luz artificial. Una lente que permitía una enorme apertura del diafragma para que la escasa luz de la escena sensibilizara la película, pero que, sin embargo, no podía adaptarse al objetivo de ninguna de las cámaras cinematográficas que existían en ese momento, por lo que fue necesario que el ingeniero californiano Ed DiGuilio (Cinema Products Corp) construyera una cámara adecuada para ella: una adaptación de la 35mm Mitchell BNC. Con esta cámara Kubrick logró su objetivo, y se aprovecho se de algunos inconvenientes, como por ejemplo, la pérdida de profundidad de campo, que provocaba que las escenas pareciesen planas y sin apenas perspectiva, para lograr así una sensación semejante a la de encontrarse en el interior de un cuadro de la época.

Os dejamos este estupendo enlace que ayuda a entender mejor de lo que hablamos. Un excelente video que nos acerca la maravillosa relación que Kubrik consigue establecer entre su obra y la pintura del siglo XVIII.

0 Comments:

Hacer un comentario




Clicky Web Analytics