Aki Kaurismaki es único



Para haceros una idea del personaje del que vamos a hablaros, algunas palabras suyas valen más que mil de un aficionado:


"...No soy más que un director de clase media, nunca haré una obra maestra, pero, si hago muchas películas buenas, todas juntas pueden llegar a ser algo. Además, si haces una obra maestra, luego tienes que dejarlo. Todo buen director anda siempre a la zaga de una obra maestra. Es como pretender la luna, nunca será tuya".

"Cuando se tiene que rodar una escena, yo doy las indicaciones al director de fotografía, pero después me voy al pub hasta que todo está listo; habitualmente en ese rato escribo los diálogos de la escena que estamos a punto de rodar. Después vuelvo y le digo: bien, y añado dos o tres veces: "aquí pon una sombra", para hacerle creer que yo también entiendo algo de eso, cosa que no es cierta".

"La mía es una cámara muy vieja, un aparato que le compré a Ingmar Bergman cuando se retiró del cine. (...) Así que es un aparato antiguo. Al igual que yo, está muy cansado y no tiene ganas de moverse. Si no veo un motivo concreto para desplazarlo - ¡ y es muy pesado!- me contento con planos fijos. Después de todo, Ozu no hizo otra cosa".

"Mi secreto consiste en susurrarles una cosa al oído (a los actores) antes de rodar un plano, a fin de sembrar la confusión en su cabeza. ¡Así se olvidan de interpretar! (...) Como nunca hago más de dos tomas, la primera corresponde al ensayo, y ésta es con la que normalmente me quedo".

"Detesto leer las críticas negativas. Para no correr ese riesgo, no leo ninguna. Yo mismo fui crítico, sé de lo que hablo. Lo dejé después de cargarme dos películas. Los críticos acaban por no ver más que obras maestras o mierdas absolutas, pierden cualquier noción de matiz. ¡Existen tantas razones para disfrutar o no de una película!".

Y ahora las mil de un aficionado:
El cine de Kaurismaki contiene una serie de componentes estéticos (visuales o argumentales) que definen un estilo indudablemente personal. Sin embargo, pueden apreciarse también hechuras clásicas que demuestran que estamos ante una obra mucho más depurada de lo que puede deducirse en un primer visionado: una luz maravillosamente artificial, escasos movimientos de cámara, frases directas pronunciadas sin apenas despegar los labios por seres hieráticos, casi siempre perdedores en la sociedad moderna, arquetipos sacados del cine negro americano como la mujer fatal o el mafioso sin escrúpulos le emparentan con Búster Keaton, Chaplin, Bresson, etc.
Mas Kaurismaki todo lo pasa por su tamiz particular. Los arranques cómicos son de humor absurdo más que humor negro. El eclecticismo musical, que según el propio director, lo emplea (magistral siempre) “de dos formas fundamentales: como contrapunto a las imágenes, o para expresar mediante ella lo que los protagonistas (siempre tan callados) no expresan mediante las palabras”, junto a otros aspectos le convierten en un director único.
Los temas de sus películas son siempre los mismos. Parece que lo que hace es la misma película pero con ciertas variaciones sobre .la trama. Los protagonistas son normalmente desheredados del capitalismo a los que tal vez no les pasan cosas excepcionales pero sí fundamentales para sus vidas. Habla del corazón y de la ternura unas veces, pero también otras de la frialdad y la crueldad.
Es de recalcar el hecho de que ante las adversidades siempre los personajes intentan seguir adelante tratando de coger las riendas de sus vidas tomando decisiones que desembocarán en finales felices con un cierto halo de amargura (la mayoría) o en finales tristes pero con un tono de esperanza.
A diferencia de Ken Loach, la crítica social no es el centro del discurso y no hay que arrepentirse de errores pasados.
En definitiva, un maestro del realismo poético que con una reducción de los diálogos a la mínima expresión (“Juha” es directamente muda como homenaje a esa época del cine) consigue dotar a sus personajes de una ternura y una generosidad envidiables.
Aunque todas sus películas están a un nivel muy parecido, quizá su trilogía sobre el desempleo (“Nubes pasajereras”, “Un hombre sin pasado” y “Luces al atardecer”) junto a “Ariel” y “Contraté a un asesino a sueldo” sean (hasta ahora) sus obras más redondas.
A modo telegráfico, súmenle como pildoritas comunes en sus films muchos cigarros, alcohol, comida, coches grandes antiguos y paseos por la cárcel. Y mucha castidad en cuanto al sexo (un simple beso parece algo totalmente obsceno en su obra).

1 Comment:

  1. Diana. said...
    Hablando de festivales, recuerdo en 2007 creo que pasaron alguna de sus películas en San sebastián. Siempre llenaba las salas. Yo supe de este director (y de los Leningrad Cowboys) gracias a un ciclo de la Filmoteca de Santander hace un monton de años
    Un saludo

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