Este año no me he perdido ni una sesión de magia en el ciclo que organiza La Española y debe de ser por eso que estoy especialmente sensible ante el prodigio. Bueno, por eso y porque mi ignorancia de las nuevas tecnologías es, es... bueno, no encuentro la palabra que defina a la vez algo enorme y a la vez preocupante... eh... es una ignorancia, podríamos decir, de tsunami.

Gracias a que esta ignorancia mía se hace acompañar de vez en cuando de una desvergüenza volcánica, me atrevo hoy a escribir sobre el Spotify, aunque, a estas alturas, me temo que no descubriré nada nuevo a la mayoría...

Cualquiera, merced al omnipotente Google puede enterarse de que Spotify es una aplicación para Mac y Windows (también funciona para Linux) que permite escuchar música a través de la red –en streaming- de forma gratuita y legal (oh). Funciona como una radio a capricho, en la que nosotros, afortunados usuarios, podemos realizar búsquedas por título de canción, álbum, género o año de publicación, crear listas de reproducción e incluso compartir éstas con otros usuarios a través de páginas como spotyfriends.com Y todo ello de forma gratuita, es decir, a cambio de un corte publicitario cada más o menos 45 minutos (creo).

El catálogo que ofrece Spotify es amplísimo (gracias a los acuerdos con grandes compañías discográficas como Universal Music, Sony BMG, EMI o Warner Music).

Pero la verdadera revolución de un programa como éste, lo absolutamente mágico y genial es que nos permite pellizcar el futuro en el mismísimo presente: ¡Spotify puede ser el principio de una fonoteca infinita! ¡La independencia de los soportes! ¡El principio de un acceso universal!

Claro que esta maravilla tiene sus carencias (qué maravilla no las tiene):

Es cierto que no contiene toda la música, falta mucha gente en esta fiesta (y no sólo grupos pequeños o alternativos de calidad, sino gente como The Beatles, Pink Floyd u Oasis), pero también es cierto que Spotify no es nuestra única ventana al universo musical.

También es verdad que la versión gratuita sólo puede disfrutarse en determinados países europeos. Pero las versiones de pago (10 euros al mes la suscripción mensual y 1 euro la diaria) están disponibles en todo el mundo.

Por último, las posibilidades de Spotify se multiplicarían si el acceso a Internet fuera ubicuo y si no dependiéramos de un ordenador para acceder a la música, sino que bastase cualquier equipo o cualquier teléfono para escucharla a oídos llenos.

Aún no tenemos eso: estamos en el principio,,, pero en el principio de la disponibilidad total. ¿No es para emocionarse?





2 Comments:

  1. Anónimo said...
    Muy buena la recomendación del spotify. Yo lo tengo y la verdad es que tiene un gran catalogo y la calidad de sonido es bastante buena. Esperemos que con el tiempo las discograficas cedan a sus grupos a estas maravillosas fonotecas virtuales... aunque como la vuestra ninguna!!
    Anónimo said...
    Gracias por la recomendación. Una gran posibilidad de escuchar música (Y sin ocupar espacio, que dirán algunos), que conozco y que aún desconozco. supongo que tiene muchas posibilidades que tendré que ir descubriendo de a poquito.

Hacer un comentario




Clicky Web Analytics