"Puede que resulte triste, pero mi ancestro Aristóteles decía que la melancolía es la fuente de la creación".

   Estas palabras del propio Angelopoulos constituyen una perfecta declaración de intenciones y un resumen del espíritu creativo que homogeiniza su filmografía, obra que ha quedado interrumpida por el fallecimiento de este director griego, a los 77 años, el pasado martes, día 24 en Atenas en un accidente callejero, mientras buscaba localizaciones para su nueva película, “The ohter sea”. La melancolía, instalada en su pupila, fue una de las notas características de su cine de paisajes grises y brumosos, invernales, muy lejanos a las visiones de los mares azules y los pueblos blancos de la Grecia más pintoresca y turística. Pero, como él mismo manifestó en alguna ocasión: "Necesito sentir el invierno, el gris es para mí el color más poético, me permite salir de la cárcel de mi imaginación, todo lo que es gris me va bien. El gris me ayuda a imaginar"

   Angelopoulos, Palma de Oro en Cannes en 1998 con La eternidad y un día, emparentado con la mejor tradición moderna europea, heredero de Antonioni, hermano de Tarkovski, cineasta del presente y la memoria histórica era uno de los más destacados representantes del cine pausado, de la acción lenta ante la cámara , intentando, en sus propias palabras, "hacer de la lentitud una especie de pausa musical entre dos escenas", como en algunos de los más bellos momentos de La mirada de Ulises (1995), su trabajo más conocido en España, que relata el viaje de un director de cine por los Balcanes sumidos en la guerra, en busca de las primeras imágenes del cine griego. Era, como han señalado algunos especialistas, “un cineasta del tiempo, un escultor de grandes bloques de espacio-tiempo, coreógrafo y orquestador de espectaculares tableaux vivants que funcionan como escenario simbólico para la Historia, lúcido y necesario pesimista en una época de optimismo institucional falaz y carroñero, cineasta del silencio (un silencio acompañado por la música Eleni Karaindrou) y la contemplación como vías de acceso a la verdad del hombre” Su estilo está hecho a base de esbozos y elipsis, la narración mezcla a veces el pasado y el presente, la anécdota y la amplitud épica, en un mismo y lento plano secuencia.

   Su obra ha constituido una de las mejores reflexiones sobre la historia moderna de su país. Así, en "El viaje de los comediantes" (1975), una antiepopeya de cuatro horas hace un recorrido por los momentos más sombríos de la historia griega contemporánea, evocando la guerra civil, la ocupación, la dictadura y el facismo, o como en otra de sus obras más significativas, "Alejandro El Grande", premiada con el León de Oro en la Mostra de Venecia en 1980, donde hace una denuncia del totalitarismo que se inspira en la tragedia clásica, la liturgia bizantina y la vida rural de un pueblo de Macedonia. Después de haberse interrogado sobre todos los problemas sociales y la historia de Grecia, al tiempo que proponía un punto de vista estético y experimental sobre el cine, este apasionado de la historia acababa de empezar el rodaje de su nueva película, en la que iba a reflexionar a cerca de la crisis financiera y el fracaso de su país y de Europa.

   En definitiva una gran pérdida para todos sus compatriotas y para los amantes del cine, como el propio Ministro de Cultura griego, Pavlos Gerulanos, manifestó ayer al expresar que "el cine de Theo Angelopoulos es un punto de referencia no solo para sus colegas de todo el mundo, sino para cualquier persona que busque en el arte un impulso para el pensamiento y el sentimiento".

   Por su estilo tan personal y arriesgado y por la importancia de su obra, desde la Videoteca de la Biblioteca Torrente Ballester, queremos rendir un sincero homenaje a la obra de este autor, para lo que hemos preparado en la Videoteca un centro de interés sobre este autor, a fin de que le descubráis todos aquellos que hasta entonces no habíais compartido su mirada y que volváis a él y a sus historias profundas entre lo humano y lo mitológico para todos aquellos que deseéis redescubrirle y así, entre todos hacerle una cariñosa y sentida despedida.



Filmografía de Theo Angelopuolo en la Biblioteca Torrente Ballester:

La eternidad y un día (1998)

La mirada de Ulises (1995)

Paisaje en la niebla (1988)

• El final de una eternidad (1998)

• Días del 36 (1972)

• El viaje de los comediantes (1975)

• Los cazadores (1977)

• Reconstrucción (1970)




                                 Entonces esperaba que los fuegos artificiales aparecieran por detrás de mi cabeza. Y más al fondo, a la derecha, ver la luna llena. Y todo acompañado por una música de violines.
   Pero nada de ésto ocurrió y me sentí muy triste. Me sentí una víctima desconsolada y sin fuerza de voluntad para revertir la situación.
   Y esta indolencia desconocida hasta entonces me hizo perder seguridad en mí mismo.
   Y mi frágil imaginación, subida en ese viaje deslumbrante, perdió el equilibrio de repente y se dio de bruces con la triste realidad. Supe en ese momento por qué no era feliz. Sin querer admitirlo, esperaba cada vez que se me averiaba el coche que la primera persona en aparecer sería una mujer sensual. O que cada vez que se cerraba una puerta se abrían mil ventanas. O que siempre había una primera vez. Pero no.
   Todo eso yo lo había visto en las películas y me convencí inconscientemente que en la vida real sucedería de igual forma. Sin embargo en ese momento comprendí el gran engaño. Descubrí que a las mentes débiles como la mía el cine nos había dado seguridad al mostrarnos el sistema de valores, el código de honor sobre el que debemos comportarnos para cumplir nuestros sueños. Nos enseñó qué es bueno o malo, quién el héroe y por qué, cuáles son las pautas morales adecuadas como nobleza o fidelidad, frente a las despreciables como vanidad o hipocresía.
   El cine no debía haberse inventado. O debería prohibirse. Al menos para los que en la clasificación de Hipócrates de los cuatro tipos de temperamentos que definen al ser humano, nos inclinamos hacia el melancólico y soñador.
   Porque ahora sé todo lo que me han arrebatado esas imágenes: sobre todo la capacidad de sorpresa.
   Gracias a él, antes de ir a Nueva York, París o África ya sé lo que me voy a encontrar. Conozco de antemano sus colores, su escala, la vestimenta y costumbres de sus habitantes, su música, su geografía física y humana... Y el cine ha tenido la culpa de que pierda esa virginidad. Me pregunto lo que hubiera sentido al disfrutar en toda su plenitud de la belleza irrepetible de un atardecer a los que sin embargo siempre sobreponía los de "Dersu Uzala". O cuán extasiado hubiera quedado al ver las Pirámides egipcias o la inmensidad del océano de no haber tenido las referencias cinematográficas.
   Todas estas revelaciones anticipadas, junto a esas falsas expectativas que nunca se cumplen cuando sales del cine y vuelves a la realidad, me han hecho más infeliz (¿tendrá la gente que ama el cine la menor idea de lo que es eso, la felicidad?), y me han demostrado que fui un inconsciente más que un valiente al embarcarme en ese viaje con retorno para mí desde el día que dejé el cine.



Pather Panchali (1955), Satyajit Ray


Ritornelo
(Del it. ritornello).
1.m.Mús. Trozo musical antes o despúes de un trozo cantado.
2.m. Repetición, estribillo


La canción del camino es un principio cualquiera de ambos elementos. Toma la vida y la presenta como camino por el que se transita cantando. La canción, el tarareo, la repetición melódica de sílabas, palabras y frases es refugio y calmante frente al esfuerzo y la fatiga resultantes de recorrer el camino. Idas y venidas, repeticiones de la misma dirección, cruces, vueltas, revueltas, giros, urdimbre y trama de la canción que emana del movimiento, del cambio.




La pobreza aquí es particular escenario, punto cercano a la naturaleza y sus ciclos de nacimiento y muerte. Instalados en ella, una familia de pueblo vive en contacto permanente con el entramado del camino y su latido musical.
No hay cubiertos que les separen de la comida; del agua, el leal y plateado recipiente que la sacraliza. Ropas sencillas les separan de las inclemencias. De la lluvia, sólo los años que, conservadores y taciturnos, buscan la costumbre del cobijo. De la muerte, el espacio que recorre el cuerpo erguido hasta que da con sus huesos en la tierra y allí se integra. De la vida, el más puro, fino y transparente velo humano.




En ella la infancia también muere en pelo gozo: una vida mutilada y perfecta. La vejez está llena de infancia y sorpresa: una vida insaciable y prolongada. La enfermedad es una renuncia obligada al canto y una sospecha de ausencia. El calor da paso a la lluvia que refresca las pieles y las tierras. La comunidad se desarrolla en plena necesidad. Los reproches vuelan de cuando en cuando y desaparecen con las esperanzas. Las oraciones toman el pulso al canto universal y florecen con parsimonia. Hay, en este cuento, lugar para el reposo y el viaje, el amor y la sombra que proyecta el progreso cuando cruza el horizonte.




Y los cambios omnipresentes que se extienden para recoger todo lo anterior y plegarse conteniéndolo, que son en sí mismos y a un tiempo, canción y camino.


A mí, a estas alturas, ya me dan igual las amenazas de los calendarios mayas y los augurios apocalípticos que se vaticinan para este 2012. El mundo por mí ya puede desintegrarse porque yo ya he escuchado el disco, el nuevo y gran disco de la Casa Azul: La Polinesia Meridional. La espera ha sido larga pero ha merecido la pena. Cuatro años, cuatro, hemos tenido que esperar para disfrutarlo pero cuando por fin lo hemos escuchado…Uffff!!!!!!
Por una parte La Polinesia… cuenta con lo de siempre (y que tanto nos gusta ... a la que escribe, por lo menos): esas canciones que presentan sonidos de otro tiempo, homenajes a la música disco, con especial atención a los años setenta, y que se adaptan al día de hoy y esos himnos escapistas que siempre están presentes en sus trabajos discográficos y que todos cantamos con liberación cuando ya hartos de todo decidimos dar un golpe en la mesa: de Shibuya a Esta noche solo cantan para mí o La Fiesta Universal y Los chicos hoy saltarán a la pista, ambas en este último trabajo.
Por otra parte lo nuevo: el camino que nos descubría en su Revolución sexual y en el que ya había alcanzado un alto nivel, con canciones más cerca de los arreglos electrónicos y llenas de complejidad armónica y de detalles y algunas que se alejan de lo habitual, como La niña más hermosa, que cierra el disco y que está más cercana en algunos aspectos al estilo de los antiguos Facto, Delafe y las Flores Azules.
Y por último, lo mejor: canciones cada vez más bailables, más positivas en sus melodías pero paradójicamente más demoledoras y depresivas en sus letras (a mí me impactó especialmente la primera escucha de Todas tus amigas y La vida tranquila), reflejando más miedos y aunque era difícil superarse en todos estos aspectos, incluso en la visión negativa de la vida….Guille Milkyway lo ha conseguido.
La Casa Azul comenzó siendo el desahogo contra el desamor, un compendio de canciones despotricando contra aquella cruel chica que le dejó (por la versión que extraemos de sus letras) y que le servía para gritar a los cuatro vientos a modo de revancha todo aquello que quizá no se atrevió a decir en su momento, argumentos cotidianos pero dolorosos con los que todos nos identificábamos (he ahí el éxito de su propuesta tan personal, porque es reconfortante encontrar a alguien que siente como tú, y sabe cómo expresarlo). Pero ahora el objetivo de sus críticas es él mismo. Guille ya es adulto y todo un sufridor del siglo XXI que está centrado en la angustia existencial que siente en todo momento: el miedo a envejecer, el terror a la rutina, la sensación de la fragilidad de los momentos de felicidad, todos esos temas que surgen cuando sobrevives al primer desamor y sigues viviendo. Bienvenido a la edad adulta. Miedos que se vislumbran a través de letras sencillas pero tan directas y sinceras que es imposible que no nos hayamos sentido reflejados en ellas en miles de ocasiones. Pero, sin embargo es toda una defensa, a pesar de todo y aunque pueda sorprender, del amor como única forma de mantener una actitud vitalista ante la realidad.
Os dejo algunos de los cortes de este nuevo disco que, a pesar de que encaje en vuestros gustos musicales o no, considero es un trabajo de alta calidad. A bailar!!!!




           

            

Fatoumata Diawara


   Creo que mi primer contacto consciente con la música de África y concretamente con la música de Malí fue a través del soberbio “Talking Timbuktu” de Ry Cooder y Ali Farka Toure. Tras él llegaron otras músicas y músicos: Toumani Diabaté (extraordinario su trabajo con Taj Mahal: "Kulanjan"), Salif Keita, Amadou y Mariam, Oumou Sangaré, Habib Koité, Rokia Traoré, Bassekou Kouyate… Ya dijo Salif Keita que la música es el petróleo de Malí.
   Hace apenas dos semanas he descubierto a Fatoumata Diawara, polifacética joven: actriz, modelo, bailarina, cantante, multi-instrumentista…



   Fatou, es el nombre con el que se conoce a Fatoumata Diawara. Nació en Costa de Marfil en 1982, de padres malís vinculados al mundo del arte y la danza de la mítica región de Wassoulou, del oeste de Malí. Con 12 años sus padres la envían a Bamako, capital de Malí, a casa de una tía actriz que la introduce en el mundo teatral y cinematográfico. El director de Taafe fangan (El poder de las mujeres) pensó que aquella niña bien podía ser uno de los personajes de su película. Y así debutó Fatoumata en el cine. "Durante el rodaje veía a las mujeres en pantalones, y bebiendo y fumando bajo la carpa, y a hombres que, en la película, cocinaban, se ocupaban de los niños. Fue una gran experiencia comprobar que era posible otra vida". Su familia adoptiva no quiso dejarla marchar con una compañía de teatro francesa, pero ella se fue. "Me fugué una noche a las diez. Saqué la basura y cogí un taxi al aeropuerto". Con la compañía teatral Royale de Luxe recorrió medio mundo. "Al llegar a Francia puse una cruz sobre mi familia. No podía contar con nadie. Y ese vacío es algo increíble. O creces o te hundes. Cuando estaba sola, me ponía a cantar”. Comenzó a cantar en el tiempo muerto entre representación y representación. "La voz ha sido mi primer compañero. Me separé de mis padres muy pronto y fue un cambio brutal porque descubrí la vida de golpe. Intentaba entender por qué mi padre me enviaba lejos y, en vez de llorar, convertí las lágrimas en canto. Escribía metáforas para entender las cosas. Cantaba para poder sentirme bien. Y recuperaba la sonrisa, como si cantar me aliviara". Cree que la voz es el único instrumento con el que no se puede mentir: "Me curo poco a poco con ella en lugar de ir a ver a un psicólogo. Y me asusta que mi gente no comprenda que estoy enferma, que me afectó mi infancia y que, para no ser una persona amargada que acaba volviéndose mala con los demás, me tienen que dejar cantar. Es lo único que pido".


   Con la cantante de jazz Dee Dee Bridgewater salió por primera vez de gira. "Fue fantástico. Me di cuenta de que eso era lo que yo quería. Yo cantaba en locales de París, soul, rock, pop... Y tenía un público, pero aunque había compañías detrás de mí, les decía que no estaba preparada para grabar un disco". Allí la descubrió Cheikh Tidiane Seck, popular teclista y compositor malinés, con quien regresa a Bamako, donde participa en diversos proyectos musicales: en el disco “Seya” de la maravillosa Oumou Sangaré y en el álbum de la cantante de jazz afro-americana Dee Dee Bridgwater “Red Earth”. Su voz sedosa y contemporánea también está en los recientes discos de Cheikh Lô, AfroCubism, Herbie Hancock y Poli-Rythmo de Cotonou.

   Ahora está dedicada completamente a la música. Animada por Rokia Traoré, aprendió a tocar la guitarra y se dedicó a componer. Debuta para el prestigioso sello británico World Circuit de la mano la mismísima Oumou Sangaré. Hasta once piezas ha grabado y en las que destaca su voz cristalina. Ha contado con la mano maestra del productor Nick Gold (Buena Vista Social Club, Ali Farka Touré, Oumou Sangare, Orquesta Baobab…) para certificar un primer y magnífico disco. Fatoumara canta en bambara, el idioma de sus padres, y habla de los grandes temas universales: el amor, la guerra, el dolor y el placer. Le dedica una de sus canciones a la cantante Oumou Sangaré a la que considera un ejemplo vital. En otra de las canciones dice que sueña con que un día una mujer presida su país. Su voz destaca entre el inmenso coro de las voces africanas y Fatou se mueve entre la sensibilidad y la urgencia.

"Hice bien en esperar porque Nick Gold, productor de Fatou y productor ejecutivo de Buena Vista Social Club, podía pensar: 'es joven, su primer disco, le pongo a alguien que le diga lo que tiene que hacer', pero él sabe que sé lo que quiero. Así no se ha perdido la inocencia del disco, que es muy minimalista. Guitarra, bajo, batería... No pretendo convencer a la gente, demostrar nada a nadie, sólo busco comunicarme, compartir. Con amor, ternura... Es Fatou en toda su sencillez".

Jane Eyre


Las Hermanas Brontë, Charlotte (1816 -1855), Emily (1818 -1848) y Anne (1820 -1849) fueron tres novelistas inglesas cuyas obras transcendieron la época victoriana para convertirse en clásicas. 

Su producción literaria presenta considerables diferencias con respecto a las principales líneas directrices de la literatura victoriana, cuyas corrientes narrativas básicas eran la crítica de costumbres y el idealismo satírico. Por el contrario, las Brontë forjan en sus obras -cada hermana con matices diferentes- un mundo propio que hunde sus raíces en la tradición.
Les tocó vivir en la sociedad inglesa del siglo XIX, donde las ocupaciones de las mujeres estaban más bien delimitadas. Este fue el principal problema de estas jóvenes inquietas. Apasionadas de la literatura, vivieron en una época que no las comprendía. La mujer no tenía cabida en el mundo intelectual.

La primera obra que se publicó de las Brontë, fue Jane Eyre (1847), de Charlotte, que tuvo un éxito inmediato y provocó un considerable escándalo por la forma directa -"vulgar" para la época- de abordar las pasiones de su protagonista. Aparecieron más adelante en ese mismo año: Agnes Grey, de Anne, una árida revelación basada en los comentarios autobiográficos del bajo nivel material y moral de una institutriz victoriana y Cumbres borrascosas, de Emily. Durante mucho tiempo la crítica descalificó Cumbres borrascosas. La intensidad de su sentimiento y la brutalidad de los personajes, las energías primitivas de amor y odio que impregnan la novela fueron juzgadas como salvajes y burdas por los críticos del siglo XIX.
La especulación sobre la identidad de las autoras se mantuvo hasta que visitaron Londres y se dieron a conocer a sus editores. 

Toda esta introducción sobre las hermanas Brontë, me sirve para situar la última adaptación cinematográfica de la novela de Charlotte: Jane Eyre.
Dirigida por el joven realizador norteamericano, de origen sueco-japonés, Cary Joji Fukunaga, quién ya nos sorprendió con su primer largometraje: “Sin nombre” y con la joven actriz Mia Wasikowska (“En terapia” y la “Alicia” de Tim Burton) en el papel de Jane Eyre y el actor alemán-irlandés, Michael Fassbender (“Malditos bastardos”),esta nueva adaptación a la gran pantalla de la novela de la Brontë, supone un paso más en las numerosas interpretaciones que, de la relación tormentosa, apasionada y misteriosa de la joven Jane con el enigmático Mr. Rochester, han querido mostrarnos diferentes realizadores a lo largo de la historia del cine. Fukunaga aportar una visión renovada de la historia y, aunque respeta escrupulosamente el espíritu original de la novela, transmite una visión particular en la que recoge intensamente los sentimientos entre estos dos seres desgraciados y atormentados por su pasado.


Ninguna de las versiones que he visto antes, exceptuando la adaptación de Robert Stevenson (1944), con el título. “Alma rebelde” con Joan Fontaine y Orson Welles, me ha conmovido tanto y tan profundamente como esta versión, estrenada en la primavera de 2011, de este joven director que, a pesar de su juventud, ha sabido captar a la perfección la esencia del lugar, de los personajes y del drama que se cierne sobre ellos. También el amor entre la pareja protagonista, contenido y apasionado, conservador y desafiante.

El resto de los actores dan forma con exquisitez a todos los demás personajes.
La Dame, Judi Dench, actriz británica ganadora de premios Óscar, Globo de Oro, Tony y BAFTA, en el papel de Mrs. Fairfax, la fiel ama de llaves de Mr. Rochester.
Jamie Bell, el inolvidable actor de "Billy Elliot", es el bondadoso pastor protestante que representa la cara amable y formal de la relación amorosa.
Sally Hawkins (“Happy-Go-Lucky” y “An Education”) interpreta a la tía egoista y cruel de Jane.


Una película que consigue emocionarnos, conmovernos y que, a pesar del tiempo que ha transcurrido desde que se escribió la novela, y de las numerosas veces que ha sido llevada al cine, sigue conectando perfectamente con el mundo de los sentimientos más básicos y necesarios del ser humano.
Os dejo aquí una relación de las distintas adaptaciones cinematográficas y un tráiler de la película de Fukunaga.

-1918 de Edward José con Alice Brady como Jane y Elliott Dexter como Edward.
-1921 de Hugo Ballin. Versión muda protagonizada por la esposa del director, Mabel Ballin.
-1934 de Christy Cabanne. Primera adaptación oficial como tal, con Virginia Bruce y Colin Clive.
-1944 de Robert Stevenson. La versión clásica más recordada, en la que trabajan Joan Fontaine y el propio Orson Welles.
-1970 de Delbert Man. Ésta es, sin duda alguna, la adaptación más vista y conocida, con George C. Scott como Rochester y Susannah York como Jane.
-1973 miniserie de la BBC protagonizada por Michael Jayston y Sorcha Cusack.
-1983 miniserie de la BBC con Timothy Dalton como Rochester y Zelah Clarke como Jane.
-1996 de Franco Zeffirelli, en la que trabajan Anna Paquin, Charlotte Gainsbourg y William Hurt.
-1997 de Robert Young, y que cuenta con Samantha Morton y con Ciaran Hinds.
-2006 miniserie de la BBC dirigida por Susanna White y protagonizada por Toby Stephens y Ruth Wilson.
-2011 de Cary Fukunaga con Mia Wasikowska como Jane y Michael Fassbender como Rochester.




(Traído a) Cuento

 Érase una vez un país muy muy lejano en el que ocurrió hace mucho tiempo algo increíble que os vamos a contar.
Sus habitantes vivían felices gobernados por un Sultán comprensivo y generoso. El entendimiento mutuo venía porque,  tanto el Sultán como los ciudadanos, creían que la cultura era el mejor camino para alcanzar la felicidad, y el enriquecimiento espiritual era el objetivo de todas las leyes.
El pueblo, con lo que más disfrutada era cuando, todos los días, tras la jornada laboral, podían ver una película gratis. Porque además de disfrutar de buenas historias, los ciudadanos se deleitaban aprendiendo al mismo tiempo fotografía, música, historia y otras muchas artes englobadas en este arte mayor.
Murió el Sultán sin tener herederos y dejando establecida la convocatoria de elecciones para designar a un sucesor. A ellas se presentaron muchos partidos con el objetivo de proseguir con  el legado del Sultán. A modo de muestra nombraremos sólo algunos: el PP: Partidarios de Pedro (Almodóvar); PSOE: Para que Sokurov sea Objetivo y Emblema; PNV: Paul Newman y Visconti; FMI: Fellini Mueve nuestras Inquietudes; BCE: Berlanga, Capra y Eastwood (Clint), etc. Y Junto a todos ellos, se presentó además otro partido llamado Disney: Damos Ilusiones, Sólo Necesitamos Eliminar a (Zhang) Yimou

Al contrario que los demás, las ambiciones de éste eran las de conseguir poder y dinero, y, reafirmado en sus convicciones por un avinagrado primo que se llamaba Riesgo, emprendió un maquiavélico plan: su promesa electoral consistió en que, a cambio sólo de trabajar una hora más cada día, proyectaría al pueblo dos películas en vez de una. Gracias a su gran oratoria ganó las elecciones y tuvo que cumplir lo prometido. Su estrategia era hacer las pelis por la mitad de dinero. Al tener que hacer el doble, ordenó que las rodaran muy rápido sin tener en cuenta los aspectos artísticos que tanto interesaban al pueblo. Además, las historias tenían siempre el mismo desarrollo con idéntico final, con lo que los ciudadanos enseguida se cansaron de la repetición de los argumentos
El primo de Riesgo y nuevo Sultán, Disney, se volvió avaro y huraño y con lo recaudado por esa hora de más trabajada fue acumulando más poder, oprimiendo y aniquilando, poco a poco, al resto de las otras opciones electorales  De este modo eliminaba rivales para:
1.  mantenerse en el poder eternamente y
2.  devolver al pueblo a una incultura que le cegara para darse cuenta de lo infelices que eran.
Cuando el pueblo se dio cuenta de esta estratagema, ya no sabía cómo deshacerse del Sultán para regresar a la anterior etapa que recordaban con dicha. Sabían que si dejaban de pagarle actuaría contra ellos sin impunidad alguna. Para no desanimarse, unos a otros se repetían la frase que tomaron de la canción de Silvio Rodríguez “Si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo”.
Y así pasaron los años, el Sultán tuvo un niño que para él era lo más sagrado y a continuación sucedió un hecho importante en nuestro relato. Pensando que en sus fronteras lo tenía todo controlado y ávido como seguía de acumular riquezas, decidió marchar a conquistar otros países, pero antes mandó contratar un mentor que instruyera a su hijo en su ausencia. Fue en esta situación en la que el pueblo, tomando como punto de partida la película que habían visto antaño de “Julio César” en la que aprovechan que está en la Galia para desde Roma planear una sublevación, trazó un plan que les devolvería esa ilustración que tanto anhelaban.
El plan era el siguiente: consiguieron que Disney encargará la tutoría de su hijo a un hombre  muy conocido por todos por sus charlotadas cómicas, de donde le venía el apodo de Charlot. Cada anciano le contaba a Charlie (este era su verdadero nombre)  la película que mejor recordaba de las que había visto en el pasado con todos sus detalles y enseñanzas, y Charlot, a su vez, se las contaba al atardecer al pequeño. Así, maravillosas historias como “Juan Nadie”, “Dersu Uzala”, “Ocho y medio”, “Casablanca” y muchas otras fueron forjando el imaginario del infante. Al niño, aburrido de ver siempre en las pelis de su padre los mismos argumentos y diálogos, con el único cambio en escenarios y protagonistas, le encantaban estas historias y las visualizaba en su mente con una expresión de  absoluta felicidad e inmensa gratitud hacia el narrador.
Tras muchos años de conquistas, el Sultán regresó a su patria. Como sus expediciones habían sido provechosas  y se acercaba la mayoría de edad de su amado hijo, le dijo que le pidiera cualquier regalo y él lo haría realidad. Su hijo le habló entonces de esas historias que había aprendido y le rogó que mandara rodarlas para verlas en lugar de las de Disney. El Sultán, aunque triste porque sabía que había perdido una parte del amor de su hijo,  y que concederle su deseo supondría perder el dinero sustraído al pueblo y volver a  darles una cultura que les proporcionaría las ideas para acabar con él, no pudo negarse a la petición.
Y de esta forma la cultura volvió  a la calle, y los ciudadanos tomaron como bandera un lema que aún hoy perdura: ¡Quizá empobrecidos, pero no incultos!
Quizá otra película cuente cómo terminaron con la tiranía de Disney y, bajo la tutela del joven príncipe y su amor al cine, volvieron a ser un país en el que aquellos partidos primigenios ahora sí trabajaban por la felicidad de todo el mundo.
Y colorín colorado…



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